El caos de la época actual no deja presagiar nada bueno para el futuro inmediato. Hay en el ambiente algo que todos presienten, aunque para muchos es solamente un crescendo cada vez mayor de desorden y confusión. Se trata en verdad de un proceso de disolución necesario para la misma vida. También el grano de trigo, para cambiarse en pan, debe primero pudrirse. En las cosas humanas todo debe cambiar y transformarse para realizar la vida: de otro modo no sería vida, sino sólo muerte. Lo que se renueva vive verdaderamente porque contiene en sí la fase de la decadencia, que es bajar para subir después.

Quien tiene ojos para ver y mente para comprender, podrá persuadirse de que ha comenzado ya lo que desde hace tiempo había sido profetizado. Desde hace años, cada día asistimos a la demolición del viejo edificio, piedra tras piedra; advertimos el tambalear de columnas que se creían inamovibles. La familia, el Estado, la autoridad, la religión, la sociedad, están ya en condiciones que solamente pocos años atrás hubiera sido imposible concebir; los valores de autoridad, de moral, de propiedad, son muy distintos a los de antes.

Fuerzas avasalladoras, siempre crecientes, no desisten de la contínua tentativa de la destrucción. Sí, en parte, vemos hoy ya muchos escombros, otras resistencias se van resquebrajando por momentos, tanto como para hacer pensar en un cúmulo de ruinas como epílogo de la trágica lucha. Pero la vida es un devenir, siempre hacia lo mejor. Lo que cae ha dejado de cumplir su función, realizada en el tiempo debido, no adecuada ya para otros tiempos.

Estamos en la conclusión de una de las épocas más grandes de la historia humana. Ya desde finales del pasado siglo se han ido formando y creciendo, cada vez más acentuadamente, los elementos que la deberán constituir. No hay actividad humana que no revele esta nueva orientación.

Los elementos negativos destructores quieren revestirse de la apariencia de la nueva sociedad. Y confunden las ideas y engañan a los ingenuos. Pero no serán ciertamente ellos los que construyan la futura sociedad que, entonces sería, seguramente, peor que la actual.

Lo que está sucediendo en estos años, revoluciones, conflictos, guerras y, todavía más, el caos que caracteriza a los tiempos actuales, con las agitaciones sociales, la decadencia de las costumbres, y el materialismo emergente, forman parte del proceso de descomposición de una sociedad que deberá renacer completamente cambiada, no sólo en las estructuras, sino, sobre todo, en los hombres y en las ideas.

Solamente sobre el amor podrá fundarse una construcción que dure. Sólo hombres mejores podrán formar una sociedad mejor. Los otros se ilusionan con instaurarla sobre la materia y mantenerla con la violencia, reformar las estructuras, sin reformarse a sí mismos. Solamente hombres materialistas y superficiales pueden ser víctimas de esta ilusión porque ignoran las verdaderas leyes de la vida.

© A. Voldben
Dopo Nostradamus

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