.... Sushi bar ....


OPERACIÓN PUNTO
por Vicente DiCosino
(vía e-mail el 14 de febrero de 2002)

Hola amigos del Limbo Club, me he sentido aludido por vuestra invitación genérica, y al ser persona a la que le asaltan las ideas constantemente, aquí os lanzo una que creo puede convertirse en la salvación para vosotros y para la otra liga, como la denomina la revista Rockdelux.

Al igual que la industria musical (la de las ventas) ha sabido resolver todos su problemas de un plumazo y, visto de una manera global (y concretamente desde las ventas de soportes y sus consiguientes recaudaciones) ha salvado uno de los peores años de su vida, está en vuestras manos conseguir lo mismo.

El problema para ellos ya no es la crisis artística que sufre el sector, la relación viciada con los medios de comunicación (incluida la absurda sinergia con la TV), el agotamiento, el desgaste, la falta de imaginación a la hora de abordar el desarrollo de las carreras de los nuevos valores; incluso la de los establecidos (en cuanto a ventas). La revisión del modelo del punto de venta, la regularización del modelo de negocio en internés... no, todos esos ya no son problemas.

Por un lado, y siguiendo el ejemplo de las grandes corporaciones mundiales, la reducción (reajuste le llaman) de plantillas se ha visto como una solución realmente definitiva, eso, y la reducción de los presupuestos, empezando, como no, con las partidas relacionadas con el papel higiénico, las fotocopias, los mensajeros y, por supuesto, el desarrollo de nuevo talento.

Los problemas se han reducido a dos, obviamente dignos de estudio: la piratería (¡oh!), y quién se llevará el gato al agua en cuanto a la captación de estrellas en Operación Triunfo. Quién firmará a Chenoa, a David Bisbal, a Rosa (no, estos ya tienen asegurados sus lanzamientos en solitario, pues los más linces se adelantaron); ahí está el quid.

Gracias a la aparición del programa estrella en TV, el trabajo de muchos departamentos artísticos se ha facilitado en gran medida. Ya no hace falta que esperen en su sillón a que les lleguen en forma de maquetas las nuevas estrellas de la música popular, o en su defecto, proyectos totalmente definidos de manos de personajes (en muchos casos siniestros), los cuales desarrollaron una nueva vía de enriquecimiento personal: el ganar dinero haciendo discos.

Su trabajo ahora es extremadamente más sencillo. De hecho lo pueden hacer desde el cómodo sillón de casa, o incluso desde la cama, con el mando a distancia como única herramienta de trabajo.

El programa de marras también ha desarrollado una opinión paralela en los "profesionales" del apoltronamiento. Esos que llevan años repitiendo la misma fórmula, la misma canción, con la misma cara, con distinto traje y peinado en cada lanzamiento. Que injusticia ¿no?, lleváis años currándooslo para que lleguen estos aprendices (¿de qué?) a quitaros el espacio que con tanto esfuerzo os habíais ganado. ¿De verdad os parece extraño?. Vuestra mayor justificación para criticar a estos aspirantes a "artistas" es que no componen. ¡Con dos cojones!.

Tranquilos, que ya aprenderán "vuestro negocio" y harán que su nombre figure en el registro de las obras que interpreten; o si no, no las cantarán. Os suena. Este negocio mola, porque aquí todo suena, pero como cada vez suena menos la bolsa, ¿porqué no os pasáis a otro negocio más lucrativo? El de los ladrillos he oído que funciona estupendamente.

Pues eso, visto el gran éxito del programa aludido, os propongo la creación de la otra Academia. En ella, los aspirantes a estrellas podrían aprender todo lo relacionado con el medio y, sobre todo, pillar todo-el-punto-y-toda-la-esencia, para lo cual, y entrando en el terreno de las sugerencias más concretas, veo a J en el papel de Nina, detalle que podría aprovechar para comenzar con su esperada carrera en paralelo como cantautor psico-romántico-space-rock.

Saber desenvolverse en un backstage, aprender los usos, efectos e historia de las drogas que inevitablemente consumirán; teoría y práctica del correcto uso de la voz y los instrumentos, teoría e historia de la música (y literatura afín), pericia en cuanto a su claridad de ideas y vocabulario a la hora de afrontar su relación con el medio, estética personal y sobre las tablas, son solo algunas de las materias que los participantes deberían manejar.

Bueno amigos, ahí os dejo la sugerencia, deseando ampliaros todo el proyecto lo antes posible si veis su viabilidad.

Atentamente,
Vicente DiCosino

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