
CANCIÓN
DE PALACIO # 7
Con
todas estas páginas he
construido mi mansión en una zona alta de la ciudad, soleada
y residencial.
Me
llegó a ofrecer y era una ganga- mano de obra infantil
cierta gran multinacional.
Claro,
yo la rechacé.
No
saben la de cosas que se escuchan cuando tus paredes son todas
de papel.
Anoche
oí a dos tipos planear una guerra nuclear mientras me hacía
un té.
Y
a veces oigo a las ratas
que
roen la pared.
Les
doy papel de estraza
del
que uso yo para sacar la tinta de la piel.
Y
vivo así en mi palacio de papel.
Se
está bien aquí, se está bien.
La
mujer del tiempo anuncia un vendaval,
pero
no me iré; resistiré.
Y
se oyen voces que hablan de deshaucio y sé que quieren
derribar mi humilde mansión.
Al
parecer pretende abrir aquí una nueva boutique un
tal Louis Vuitton.
Puede
que lo hable con él
O
puede que me atrinchere aquí, y como cualquier animal ya
sabré lo que hay que hacer.
O
entienda que si no pierdo la fe es porque jamás llegué
a tener una que perder.
Pero
en veintiocho años,
vean
que la reconstruí
con
estas sucias manos
un
millar de veces y sigo viviendo así,
como
un rey en mi palacio de papel.
Se
está bien aquí, se está bien.
La
mujer del tiempo anuncia un huracán,
pero
no me iré; resistiré.
Y
si hay un fuego aprenderé a arder.
Y
si empiezo a arder aprenderé a apagarme.
Y
vivo así en mi palacio de papel
(Tengo
una razón y volveré a ACTUAR.)
(No
hay IMPUNIDAD pero voy a actuar.)
N.
V. CONTRA LA INDUSTRIS DEL DISCO
El
sol se pega a mi piel como un gusano de mar.
Sé
que he estado aquí con anterioridad,
y
nadie va a mirar por mí esta vez
cuando
el alma se me caiga a los pies.
Hay
un hombre y me observa;
puedo
oírlo disfrutar.
Hoy
comienza una guerra
en
la que todos quieren hablar,
y
aunque todos quieran hablar
no
dirán
la
verdad.
El
hambre aprieta y yo me siento igual
que
un tipo deshollao que se quiere rascar.
De
la misma triste y solitaria canción,
¿podría
yo enfermar, igual que el viejo Townes?
Unos
mueren de asco;
otros
mueren de amor,
pero
desde Madrid hasta El Cairo
todos
quieren hablar,
y
aunque todos quieran hablar
no
dirán
la
verdad.
Y
guárdate tus consejos
porque
yo ya estuve allí
cuando
tú formabas parte de ellos,
de
los que quieren hablar.
Y
aunque todos queráis hablar
no
diréis
la
verdad.
LA
MAGNITUD DE LA TRAGEDIA
No
lloraré por ti;
no
lloraré por mí.
Cuando
gima el viento
y
el cielo torne gris,
niña,
no lloraré por ti ni por mí;
lloraré
por los demás.
Lloro
por el torero;
lloro
por el espadachín;
lloro
por el tragafuegos
y
por la Guardia Civil.
Lloro
por Ernesto,
por
Alejandro y por Inés,
pero
no lloraré por ti ni por mí;
lloraré
por los demás.
CANCIÓN
DE ISABEL
Me
dicen: Ya te volveremos a llamar,
pero
no lo harán; lo sé muy bien.
Estoy
en la calle y sólo puedo pensar
en
la manera de decírselo a Isabel.
Tras
la puerta escucho cómo toca en su violín
algo
triste y yo no sé qué vamos a hacer.
No
es un buen momento, porque en Navidad
nacerá
nuestro primer bebé.
Conozco
mi suerte demasiado bien
pero
al oír su voz me siento algo mejor.
Ella
dice que las cosas cambiarán.
Yo
la abrazo y permanezco así, y así se esconde el
sol.
En
este viejo coche no se está tan mal;
llevo
aquí desde hace un mes con Isabel.
Pero
el invierno muy pronto llegará
y
nuestro hijo con él.
Ya
no cobro el paro; Isabel no toca su violín.
Hace
frío y ella no se encuentra bien.
He
visto un abrigo en el centro comercial.
No
tengo dinero pero me he de hacer con él,
así
que robaré para ella, robaré para Isabel.
Lo
hago y trato de escapar pero alguien por detrás
me
golpea y me he debido desmayar
pues
despierto en una celda gris y no consigo recordar.
Llevo
dos semanas sin saber de Isabel.
Me
dan cuatro hostias y me dejan libre al fin.
Vuelvo
al viejo coche y me la encuentro tiritando;
está
enferma y alguien le ha robado su violín.
Me
desnudo y con mis ropas la trato de abrigar;
yo
manténgome en calor con un poco de alcohol.
Le
consigo agua y algo de comer.
En
unos días se pondrá mejor, lo sé.
Pero
esta mañana cuando al fin brillaba el sol
Isabel
no despertó; siquiera lo intentó.
Se
me fue con nuestro hijo en su interior;
al
menos no podrá acabar igual que yo.
Isabel
se fue a un lugar mejor;
yo
no tuve el valor para ir detrás.
Con
aquel abrigo habría entrado en calor,
sólo
espero que me sepa perdonar.
Pero
fue mi culpa, y por ella pagaré...
¡Hoy
estoy en deuda!
Al
fin lo veo claro; ahora sé
cuál
es mi misión aquí:
tengo
una navaja; esta misma noche haré
un
abrigo con mi piel, pondrá Isabel en él.
Queda
algo de vodka; aliviará el dolor.
Si
comienzo pronto podría acabar al amanecer.
EN
LA ARDIENTE OSCURIDAD
Ocurrió
así:
comencé
a jugar a aquel sagrado juego sin saber
lo
que había que hacer, pero pronto aprendí
que
cuando hay demasiada gente dentro de la habitación
nadie
quiere hablar de amor.
Yo
jamás lo lamenté
ni
lo lamentaré.
Me
encontró por la estación
y
me llevó a su apartamento.
Dijo
algo sobre mi piel,
me
abrazó
y
yo cerré los ojos.
Y
tuve que entender
que
aún hay otra luz que queda cuando en mí se pone
el sol,
y
ahí estoy: en la ardiente oscuridad.
En
parte fue mi culpa; en parte fue su forma de mirar.
Y
esta inmensa decisión viene a mí,
viene
a mí, viene a mí
y
yo no dejo de fumar.
Me
encontró por la estación
y
me llevó a un apartamento.
Dijo
algo sobre mi piel,
me
pagó
y
yo cerré los ojos.
Cuando
el sol comienza a herir
come
de mi mano.
Hoy
he tomado drogas
que
me hacen hablar.
Las
canciones son de Nacho Vegas.
Iker
González participó en la música de "Canción
de palacio # 7"
©
2003 Limbo Starr