Llevo
ya una copa de más, aquí en La Sed Mortal, cuando
entra Dodó. Y yo no me muevo de aquí, y aun así
habré de llegar a la conclusión de que no hay
un ser más culpable que yo -ni lo habrá- sobre
la tierra. Y empiezo a pedir así:
Por las cosas que siento y por aquellas que odio sentir;
por mi mala cabeza;
porque mi calavera, ella, no dejará de reír;
por las lunas nuevas;
por las cosas revueltas que dan vueltas dentro de mí;
por seis años de penas
y por cosas que ni tan siquiera me atrevo a decir;
perdón por mis pies siempre fríos;
por la noche pasada, y por la otra, y por aquella también;
perdón por el Gran Sinsentido;
por querer comprenderlo y, sobretodo, por no comprender...
Perdón.
Y Dodó me observa, y yo le oigo rezar así:
-Perdón por existir-.
Y amablemente invito a un güisqui a Dodó, y él
me cuenta que incluso los perros se ponen tristes después
de eyacular. Después, salimos agarrados de La Sed Mortal,
y es entonces cuando puedo jurar que no hay un ser más
culpable que yo -ni lo habrá- sobre la tierra. Y
por dos mil años de cristiandad;
por tener la osadía de alimentarme y de respirar;
por los superdotados;
por el hombre tripudo y por la liberación sexual;
por el circo italiano;
por el viejo que agita una servilleta al hablar
y me jura y perjura que en ella
ha resuelto el misterio de la Santísima Trinidad;
perdón por la gente moderna;
porque corro el peligro de mirarme y perder la razón;
¡perdón, por el amor de Dios!;
por la gran decadencia de una vida pidiendo perdón;
perdón por los cuatro elementos;
por la tierra y el agua y el fuego y la polución;
perdón por todos mis lamentos;
por Dodó y, en fin, os pido por esta canción...
Perdón.
Y os miro a los labios, y a todos oigo pedir
perdón por existir.
©
Limbo Starr
AÑADA
DE ANA LA FRIOLERA
Vivían
en Norteña,
una ciudad costera
donde la mar era gris
y la lluvia eterna.
Ella pasaba frío
apenas la noche llegaba.
Con una manta a cuadros
él la arropaba.
Prometieron quererse
mientras el frío existiera.
Él la llamaba
Ana La Friolera.
Tuvieron un riña
y él la dejó marchar.
Supo que no volvería;
no vuelve la ola al mar.
Ella pudo llevarse
todo lo que tenía
pero dejó olvidado
el frío que sentía.
Ahora, bajo la manta a cuadros,
él trata de coger el sueño.
Desde que ella se marchó
allí siempre es invierno.
Y la buscó sin descanso
desde San Pedro a Las Mestas.
Teme morir congelado
una noche de estas.
La gente me llama insensato,
yo aún doy mi vida entera
por sólo una noche
con la chica friolera.
© BMG Ariola Publishing
HAY
HOMBRES ALGUNOS AÑOS MÁS TRISTES QUE YO
Anocheció
en mi refugio.
Me metí en el viejo café.
Vi a un hombre agitando su mano
para que me acercara a él
Murmuró: "Yo fui una vez
fuerte como el sol."
Yo pensé: "Debe de ser
quince años más triste que yo."
Y antes de hundir la cara en su vino
añadió con solemnidad:
"Ahora soy más débil
que el más pálido color celestial."
"Brindo por la Santa Ley",
dijo alzando la voz.
Yo pensé: "Tiene que ser
veinte años más triste que yo
o treinta años más triste que yo."
Puede ser que el horror pase a tu lado,
pero no, chico, no, ni aun así lo reconocerías.
Y hablan con tal nitidez
-quita o pon alguna tos-
de hambre, amor, dolor y de sed
que piensas por lo roto de su voz:
"Hay hombres muchos años más tristes que
yo.
Muchos años más tristes que yo."
©
BMG Ariola Publishing
BRUJITA
Brujita,
hoy quiero,
desde este agujero,
decirte que muero por ti.
Por tus manos frías,
por las brujerías,
por tu forma de toser.
Tal
vez esté escrita
mi vida, brujita.
Tal vez te llegue a perder.
Pero ¡cuánto te quiero,
mi amor verdadero!
Sin ti está mal hecho el mundo.
Ya
huele a tormenta,
rechinan veletas,
mas tú, tú me puedes salvar.
Desciendes deprisa,
sin paracaídas,
en tu escoba a todo gas.
Brujita,
me irrita
la gente -¡maldita!-
que trata de hacerte sufrir.
Yo los mataría,
les arrancaría la piel
hasta verlos morir.
Como
un cocotero,
como un rascacielos,
as’ de bonita eres tœ.
Te observo durmiendo:
Pequeño misterio
que nadie jamás resolvió.
Tal
vez esté escrita
mi vida, brujita.
Tal vez te llegue a perder.
Pero ¡cuánto te quiero,
mi amor verdadero!
Sin ti está mal hecho el mundo.
¡Sin ti está mal hecho el mundo!
*contiene
versos de los poemas "Brujita" y "Malœ",
de Ángel Guache
© BMG Ariola Publishing