Es hora de recapitular las hostias que me ha dado el mundo. Hoy vendrán
a oír mi último adiós. Bien. Uno a uno van llegando
y yo los recibo en batín.
Y
unos me llaman chaval
y otros me dicen caballero.
Alguno no se ha querido pronunciar.
Yo una vez tuve un amor,
pero si he de ser sincero
dije "no" en el altar
y cuando digo no es no.
Fracasé una vez, fracasé diez mil
y aun así alzo mi copa hacia el cielo
en un brindis por el hombre de hoy
y por lo bien que habita el mundo.
¡Mirad, las niñas van cantando! (Niñas): Shalalaralalá...
Y no me habléis de eternidad. No me habléis de cielos
ni de infiernos. ¿No veis que yo le rezo a un dios que me prometió
que cuando esto acabe no habrá nada más? Fue bastante
ya...
Nunca fui en nada el mejor,
tampoco he sido un gran amante.
Más de una lo querrá atestiguar.
Pero si algo hay capital,
algo de veras importante,
es que me voy a morir
y cuando digo voy es que voy.
Lo he pasado bien, y casi conocí en
una ocasión a Michi Panero,
y es bastante más de lo que jamás
soñaríais en mil vidas.
¡Mirad, las niñas van cantando! (Niñas): Shalalaralalá...
Dejadme preguntar: ¿Es esto el final? Y si es así, decid:
¿Me vais a extrañar? ¡Ah, veo que asentís
pero yo sé que no!
Qué lástima, no dejaré
nadie a quien transmitir mi sabia;
consideré insensato procrear.
Y diréis de mí que soy
un viejo verde y cascarrabias,
y diréis muy bien,
y cuando digo bien es bien.
¡Largo ya de aquí! ¿Qué queréis de
mí?
¿Es mi alma o es mi dinero?
Si de uno carezco y la otra es
una anomalía en esta vida.
¡Mirad, las niñas van cantando! (Niñas): Shalalaralalá...
¡Y unos me llaman chaval, y otros me dicen caballero! ¡Alguno
declinó mi oferta para hablar! ¡Yo una vez tuve un gran
amor, pero si os he de ser sincero dije "no" en el mismo altar,
y cuando digo no quiero decir que no!
He bebido bien, y casi conocí en
una ocasión a Michi Panero,
y ahora brindo en paz por la humanidad
y por lo bien que habita el mundo.
¡Escuchad, os lo diré cantando! (Viejo): Shalalaralalá...
Has...ta... nun...ca...
Chucho
malherido
Comencé
al amanecer
y seguí así hasta que el sol huyó.
(Jairo aúlla)
Días después, aún no sé
si conseguí escribir una canción de amor.
Regresé al hogar,
dije: "Madre, ¿ha acabado la guerra?"
"No, hijo, no, y seguirá
mucho después de que mueras."
Creí haberme encontrado
y estaba aún más perdido.
Comencé a cojear cual chucho malherido.
Y atenté contra ti,
traicioné a mi familia.
Fui un periódico con
sólo malas noticias.
Jamás te culparía,
yo también me hubiera ido.
¿Por qué no abandonar
a un chucho malherido?
Así que fui a mi iglesia a rezar.
Le pregunté a San Alfaro:
"¿Hay algo que pueda hacer
para purgar mis pecados?"
Él tuvo a bien responderme
con el más bello ladrido
que jamás oyó perruzo malherido.
(Nacho silba)
Y quiero que sepas
que no es la mala vida
la que me mata.
Que no, que es la vida entera.
Toda, toda, toda ella.
Y el día de mi funeral,
si acuden mis amantes,
diles que por una vez
se pongan algo elegante.
Que un mínimo decoro
es lo único que pido
para el triste final del chucho malherido.
Y si dejo deudas di que
las anoten en la arena.
La marea sabrá
liquidar todas ellas.
Me tomaron por humano,
qué más da, si el olvido
no entiende de hombres ni de chuchos malheridos.
Los años pasarán,
tú me habrás olvidado.
Aunque si fuera por mí,
ojalá de vez en cuando
recuerdes lo muchísimo
que en vida te ha querido
cierto chucho torpe, tonto y malherido.
Porque él te ha querido.
Sí, él te ha querido.
¡Él te ha querido!
(Nacho aúlla)
Autoayuda
¿Quién entre esos que ahora te adulan y que hablan tan
bien de ti,
quién permanecerá por aquí en las horas bajas?
Y cuando sientas que el suelo comienza a crujir a tus pies,
cuando duelan el hambre y la sed, ¿cómo te sobrepondrás?
¿Y adónde irás, qué es lo que harás
cuando no esté yo?
¿Y quién por aquí que mire por ti cuando falte
yo?
Y dime cuántas podrías llegar a contar
antes de que decidas dejar de contar las noches que pasan.
Y cuando suba la fiebre y el cuerpo te tiemble
y no seas quién ni a gritar mi nombre, ¿cómo te
arreglarás?
¿Y adónde irás, qué es lo que harás
cuando no esté yo?
¿Y quién por aquí que mire por ti cuando falte
yo?
Tal vez no sea hoy, ni mañana, ni al otro,
pero bien lo verás, todos un día te olvidarán.
¿Y dime qué es lo que ves cada vez que al borde de ti
te asomas y no ves allí nada más que el abismo?
Y aunque sé que muy pronto aprenderás a vivir sin mí,
dime, ¿aprenderás a vivir algún día contigo
mismo?
¿Y quién entre esos que ahora te adulan y que hablan tan
bien de ti,
quién permanecerá por aquí para verte caer?
¿Quién vendrá con el alba y quién al atardecer,
y ante todo pregúntate quién querrá hacerlo por
las noches?
¿Y adónde irás, qué es lo que harás
cuando no esté yo?
¿Y quién por aquí que mire por ti cuando falte
yo?
¿Y quién por aquí que mire por ti cuando falte
yo?
¿Y adónde irás, qué es lo que harás
cuando falte yo?
ĄSerás feliz así, o no?
Canción
del extranjero
Es
cierto, sé que todos tus amantes
fueron jugadores pretendiendo haber dejado el juego.
Conozco a esos hombres y no es fácil
coger la mano de alguien que quiere alcanzar el cielo,
alguien que quiere alcanzar el cielo.
Y al recoger el comodín que se olvidó
descubres que no te ha dejado mucho más que nada.
Él como cualquier jugador se retiró
cansado de esperar por una carta aún más alta,
como San José buscando un pesebre,
Y un día con serenidad te dice que
su voluntad se debilitó con tu amor y tu cobijo.
Sacará de su cartera un viejo horario de trenes
y dirá: "te dije al llegar que era un extranjero,
te dije al llegar que era un extranjero."
Pero ahora ves que hay alguien más que esconde
sueños y demás como si fueran la carga de otro.
Ya has visto a ese hombre antes repartiendo cartas
con su brazo de oro que ahora está oxidado,
y te ofrece juego a cambio de cobijo,
y canciones a cambio de cobijo.
Y tú odias ver a otro extranjero como aquel primero
haciéndote creer que ha dejado el juego.
Y mientras él oculta un as adviertes
un camino serpenteando como humo entre la nieve,
y de pronto sientes que envejeces.
Le dices que puede pasar, pero oyes algo
y al girarte ves la puerta abierta y nadie en ella.
Está junto a la ventana y no tienes nada que temer,
eres tú, mi amor, tú eres la extranjera,
tú mi amor, la única extranjera.
Quise esperar, sabía que te encontraría en este tren,
ya es hora de ir cogiendo otro.
Entiende por favor que nunca tuve un plan
para llegar a este sitio o a cualquier otro.
Y cuando te habla así no sabes que pretende.
Mañana podemos quedar bajo el puente
o junto al mar que se extiende hacia el infinito.
Y sube al coche-cama dejando el andén vacío
y entiendes que él nunca fue sincero,
que él no era aquel extranjero.
Y dices: "vale, bajo el puente es perfecto."
Y al recoger el comodín que se olvidó
descubres que no te ha dejado mucho más que nada.
Él como cualquier jugador se retiró
cansado de esperar por una carta aún más alta,
como San José buscando un pesebre,
Y un día con serenidad te dice que
su voluntad se debilitó con tu amor y tu cobijo.
Sacará de su cartera un viejo horario de trenes
y dirá: "te dije al llegar que era un extranjero,
te dije al llegar que era un extranjero."