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nombre:
Christophe Zubillaga
nacido:
En Marseille (Marsella). Lo recomiendo. Ciudad mediterránea,
variopinta y soleada donde las haya. A 4 horas de Barcelona.
carácter:
Bueno y malo, depende del momento, y así abarco más
estados de ánimo, es más apasionante.
aficiones:
El petit point. Pero si me da el punto (el otro), me aficiono
a todo, todas, y todos, enseguida. Ah, y acabo de descubrir
el curling en Eurosport. Tiene su punto, pero no lo
entiendo: en un pasillo de hielo van tres, uno lanza una especie
de bola aplastada, otro barre con una escoba delante de la
bola, y otro se agita delante de la bola, o también
barre, según le de el punto. Luego la bola se para
en una diana rollo Quadrophenia y la peña aplaude,
o no. ¿Alguien sabe si hay curling in Espain?
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estado
actual: Padre,
que ya es.
curiosidades:
Me temo que sean todas inconfesables, cotillas.
curriculum:
Cuando llevas años currando, las carreras que tengas,
por muy bien que suenen, no importan. Aprendí también
mucho siendo: recogedor de lechugas (esas que luego meten
limpitas en bolsas de plástico), camarero, empleado
de McDonald, azafato de vuelo en Air France, comercial de
un hotel de la Expo 92, actor, comercial en Sony Music France
y llevo 9 años en la música en España
(producto estratégico en EMI, producto internacional
en BMG Ariola; A&R en EMI Music Publishing) y otras actividades
que no vienen al caso... No descarto volver a cualquiera de
mis anteriores actividades...
actividades
complementarias: También.
clubs,
asociaciones: Clubs, de alterne, no. Chango, Gold,
Ministry Of Sound en Macumba; Room. Asociaciones: vivo de
alquiler, no puedo estar ni en la asociación de vecinos.
Asi que no. Pero si hay un club de curling español,
igual me apunto.
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Limbo
Club:
¿Cuáles son para ti los males de la "industria
musical" (de la que formamos parte)?
Christophe
Zubillaga:
Hay dos males aparentes denunciados por todos los profesionales:
la piratería y... ¡Operación Triunfo!. Pero
no son más que la parte visible del iceberg. Si bien
la piratería es una lacra, no creo que OT sea un mal
en sí mismo, está muy bien que haya un OT, o lo
que sea, lo que está mal, muy mal es que solo haya esto
y que la industria sea incapaz de proveer algo distinto, y que
se llame inapropiadamente artistas a sus participantes.
En mi opinión, una industria encuentra su justificación
en la creación de valor añadido a la materia prima.
Permíteme un símil un poco chusco: cuando Kellog's
vende cereales, los ha transformado físicamente, los
ha dotado de un valor añadido, vende maíz disfrazado
de corn flakes crujientes, con azúcar, en una caja atractiva,
con información de lo que hay dentro, etc...Y a esta
marca en concreto los consumidores le atribuyen un valor (real
o subjetivo, de calidad, de "buen" producto, etc...), al final,
compras mucho más que maíz, crees que comes algo
sano, dietético y saludable, y piensas que si comes esto,
vas a hacer una digestión impecable, tener energía
para todo el día, etc... pero al fin y cabo es solo maíz,
pero prefieres comerte corn flakes que maíz en grano.
De la misma manera, una industria cultural, sea la que sea,
tiene que dotar a los "productos" (es lo que son al fin y al
cabo) de unos atributos que no tenía la materia prima,
tiene que cumplir con esta creación de valor. De la maqueta
al producto acabado tiene que haber una serie de procesos que
hacen que el producto acabado este dotado de unos valores añadidos:
en nuestro caso un buen sonido, unas excelentes canciones, una
portada original, artística, llamativa (que cuente de
alguna manera lo que contiene el disco)... Esto no quiere
decir cambiar la materia prima, no cambiar el arte, significa
hacerlo mas atractivo, significa fortalecer todo el universo
emocional iconográfico, que rodea al artista. Si me enrollo
tanto, es porque pienso que la industria española no
siempre (o casi nunca) cumple con ésta, su obligación:
dar valor añadido a sus fichajes, dotar a sus productos
de un valor emocional bestial. Demasiados discos son cutres
a más no poder, los vídeos casi siempre no venden
nada, no venden emoción que es lo único que tenemos
que potenciar; lo demás, lo pone el artista (por supuesto,
la emoción también, por eso digo que sólo
la tenemos que potenciar; reforzar el universo de valores del
artista, dotarle de unos sutiles códigos para, siguiendo
su rollo, hacerle único. Cuando alguien compra un disco,
compra mucho más que unas canciones, compra un universo,
una definición de si mismo (que te compres un disco de
Javier Ruibal o Linkin' Park dice mucho de ti), compra unos
valores emocionales muy potentes, compra por unas razones afectivas
muy personales. Reducir los artistas o los discos a meras "marcas"
puede parecer una visión un poco mercantilista pero es
de lo que estamos hablando ¿o no?, de artistas que quieren
compartir su arte, con cuanta más gente, mejor, es decir
vender discos o tocar, y no es mi culpa si el mundo esta dominado
por las marcas (es decir por el carrusel de valores que definen
cada marca y con los que nos identificamos mas o menos, incluso
con la ausencia de marca). Y lejos de uniformizar todo, lo que
se consigue, y lo que se debería perseguir es que cada
artista tenga un tratamiento distinto, que cada artista salga
reforzado en su individualidad. Creo
que este es el problema esencial, fundamental.
Luego
están los demás, a granel:
-
la corrupción que hace que muchas veces el negocio no
este en vender los discos, sino en hacerlos,
pero imagino que este es un mal menor y no solo nuestro;
-
la falta de medios para crear productos competitivos a nivel
local o internacional (ningún artista español
participa del tan aplaudido, en ciertas esferas, supuesto boom
latino, que es sobre todo Miamero; y a pesar de que Ibiza está
en España, todavía no hay un artista de la escena
Dance que haya cruzado las fronteras, o se haya afianzado aquí
mismo; para el mundo entero, el flamenco son... los Gipsy Kings);
-
la falta de atrevimiento a la hora de fichar y apoyar a determinados
artistas que se salen de la corriente (obviando que España
es un país muy variado, y que hay público para
todo). Hay que apostar por la variedad e huir de esta uniformización
que tanto se critica pero que no nos impone nadie;
-
la escandalosa falta de apoyo institucional (desde el órgano
de la industria, Afyve, cuyo papel todav’a no entiendo, al inexistente
Ministerio de la Cultura;
-
la falta de cojones de algunos artistas que, por ejemplo, se
conforman con salir en programas como Noches de Fiesta cuando
esto no aporta nada, y el desconocimiento del negocio por parte
de muchos artistas, excusable para los noveles, sorprendente
para los consagrados;
-
la tremenda falta de infraestructuras de calidad para los directos,
y la falta de inversión para los directos (se ha acostumbrado
al público a no pagar para ver a un artista en directo
ya que todos han tocado en plazas de pueblo, y lógicamente,
no hay mucho dinero para invertir en luces, sonido, músicos,
parafernalia, en definitiva para montar un show como lo montan
los extranjeros).
-
El desencuentro entre radios y artistas: hace falta mucho tiempo
para establecer un single, un artista; las radios necesitan
novedades constantemente, y los plazos entre esos dos socios
son ahora mismo incompatibles. Las compañías se
han vuelto meras proveedoras de contenidos para los medios,
eso está bien si los medios son variados, está
mal si existen, como aquí, unos pocos medios muy potentes
que marcan una pauta que inevitablemente hay que seguir.
-
la falta de medios de comunicación variados, potentes,
diferenciados, que sean verdaderas alternativas (y no intentos
a medias como Radio 3 que podría ser una verdadera alternativa
pero no lo es, en absoluto); *Pero
se vislumbran luces al final de este túnel:
1.
Hay propuestas artísticas muy prometedoras e innovadoras;
2. Asistimos a una eclosión de nuevos medios (radios
m‡s o menos piratas; prensa alternativa, canales de TV) y esto
es muy sano.
3.
Algunos sellos indies pueden destacar y hacer mucho ruido.
Espero que retomen (o tomen) el protagonismo, huyendo del cutrerio
al que muchos se han visto abocados por falta de medios y de
apoyo, mientras otros son incapaces de superar su propio cutrerio,
y no cometan los mismo errores que muchas majors que
tanto critican... La bala est‡ en su terreno... La conyuntura
no pude ser mejor para facilitar la eclosión de sellos
independientes de calidad, o el afianzamiento de otros; y la
selección será natural, los buenos seguirán,
los demás desaparecerán... Y que por fin los artistas
vuelvan a sorprender, haciendo las cosas bien, siendo únicos,
sin más.
L.
C.: ¿Cuales
serían las soluciones?
C. Z.: Muchas. Primero huir del fatalismo y del victimismo
que no llevan nunca a nada positivo, y obviamente acabar con
la piratería (que si está aquí es por desidia
pura y dura) y el falso debate que provoca. Volver a valorar
lo que hacemos, apostar por artistas y dejar de jugar a la lotería,
(de 25 discos que saco, alguno venderá!). Que no se oiga
más la frase de envidia ante un producto nuevo "claro,
viene de fuera..." como si aquí fuéramos incapaces
de hacer algo presentable. Dar tiempo a los artistas para que
se instalen, para que el público tenga oportunidad de
conocerlos. Apostar por la variedad artística. Retomar
el contacto con "la calle"; parece una obviedad, pero
"la calle" queda muy lejos de las compañías,
que lejos de anticipar los cambios socio-culturales, ni siquiera
son capaces de recuperarlos. Retomar el pulso. Luego, aportar/renovar
la creatividad en todos los procesos, e huir como de la peste
de la rutina y los automatismos ancestrales. Talento y creatividad
al poder. Que los artistas vuelvan a ocupar al centro de toda
esta historia. Pero los artistas son los primeros que tienen
que ponerse la pila. Volver a contar algo, no querer ser uno
más. Uno nace artista, no se hace, por mucha academia,
un artista lo es por derecho propio, incomparable, y deberían
de encontrar los cómplices en la industria para poder
compartir su arte con cuantos más, mejor. Hoy en día,
hay tan pocos artistas que tienen algo que contar que aburren.
Los artistas consagrados deberían de llevarse bien con
la frase "renovarse o morir" y dejar de hacer el mismo
disco una y otra vez. Y, last but not least, que en las
compañías, se barran las escaleras desde arriba,
no sirve de nada echar a la gente de promoción, no tienen
la culpa... Tampoco estaría de más que vuelva
a existir un compromiso entre la locura de la gente del arte
con la cordura de los gestionarios, de este frágil equilibrio
entre locura y cordura surgen cosas fantásticas para
una industria cultural. El IVA, y el precio de los discos son
debates polémicos que no deben ocultar los problemas
de fondo. ¿Si los discos son más baratos pero
igual de malos (en su forma y fondo), habremos solucionado algo?
No lo creo, de ser así, seguiríamos valorando
el trabajo en términos únicamente cuantitativos
(la facturación de las empresas) pero es urgente y vital
resucitar criterios cualitativos.
L.
C.: ¿Que
diferencias encuentras entre la situación en Francia
y aquí?
C. Z.: Las comparaciones son odiosas, pero sin llegar
a comparar, a veces se puede aprender mucho con solo observar
como lo hacen los demás, sean franceses, alemanes, italianos
o albaneses. He contestado un poco a esto en la pregunta anterior.
Lo que aquí se echa en falta existe en el otro lado de
los Pirineos, a tan sólo media hora de San Sebastián
o Gerona. En cualquier estilo, cualquier genero, desde la indie
a la major, prevalece un serio compromiso con la calidad.
No hay más que echar un vistazo a la lista de ventas francesa:
una increíble variedad, los OT de turno (allí se
llaman L5 o Star Academy) se codean con artistas de 82 años
(Henri Salvador), freaks de la electrónica (Daft Punk,
Galleon), el salvador de postín del tercer mundo (Manu
Chao), polifonías de Corcega (I Muvrini), cantautores geniales
y frescos (Benjamin Biolay, un genio que actuará en Festimad,
o M), pop edulcorado (Alizée), BSO de musicales (Notre
Dame de Paris), rockeros electrónicos (Rinocerose), artistas
africanos o de procedencia extranjera afincados en Francia (Cesárea
Evora, Lokua Kanza, Ismael Lo), raperos bretones (Mau Mau),
indies que venden más de un millón de copias
de cada álbum (Louise Attaque), raperos poetas de verdad
(MC Solaar, IAM, Akhenaton, Le peuple de l'Herbe), rockeros inagotables
(el inefable Johnny Halliday), Divas en constante renovación
seguidas por legiones de fans, a medio camino entre Madonna y
Marylin Manson (Mylène Farmer, a la sazón productora
de Alizée) etc.... Casi todos estos venden más de
medio millón de discos, y están aquí potenciados
por una industria muy atrevida y potente. Tanta variedad sólo
puede ser síntoma de una industria muy sana y envidiable.
En Francia, la cultura, es asunto de estado, y no por chovinismo
(demasiado fácil), si no porque una nación, un país,
una región no existen sin una cultura definitoria, unificadora,
abierta, potente, plural, compartida: lo primero que hicieron
los revolucionarios del 1789 con el palacio real fue convertirlo
en un museo para el pueblo: el Louvre. Y para celebrar tan genial
idea, hace 13 años, un arquitecto japonés ha montado
allí en medio una peculiar, y hoy admirada, pirámide
de cristal. Pero nada es sagrado, todo ha de avanzar. Esto no
es multiculturalismo (que segrega), es cultura y punto. No coexisten
varias culturas, sino que están intimamente ligadas. El
eclecticismo es un valor en sí mismo. Y no es chovinismo
porque en París, Blanca Li o Cesc Gelabert actúan
en los teatros más prestigiosos cuando en Madrid se conforman
con las salas alternativas. Almodóvar es siempre aclamado
y adorado, como lo fue Buñuel o los son Emir Kusturica,
los Coen, y Woody Allen cuyos éxitos de taquilla son impresionantes.
Sergi López, Carmen Maura o Victoria Abril son allí
estrellas, que reciben un trato que aqu’ no se les dispensa ni
en broma. Cuando abres tus puertas a los demás, es que
en tu casa no tienes problemas.
L.
C.:
¿Que papel crees que deberían
interpretar la editoriales en todo esto?
C. Z.: Al no estar sujetos a la presión comercial
del lanzamiento de discos, y sin el apremiante factor tiempo,
deberían de tener un papel más agresivo desde
los primeros momentos de la creación, apostar e invertir
más en ayudar a sus autores y artistas; volver a ser
laboratorios de creatividad. Pero al final, las editoriales
son dependientes de las discográficas ya que a ellas
corresponde vender los discos. De momento, es un deseo... poco
a poco. Rome wasn't built in a day. También los
sellos independientes tienen mucho que aportar, pero como en
todo, en el mundo indie también hay mucho desperdicio.
Los artistas indies que piensan que con cagarse en los
40 Principales ya han alcanzado el punto álgido de su
discurso (en el fondo tan facha) deberían de dejar de
mirarse el ombligo, currar más y mejor, dejar de lado
la actitud, y pensar, y actuar.... La actitud no es nada, lo
que cuenta es lo que haces. Deberían, más bien,
pensar en esos griegos tan listos que a las puertas de Troya
inventaron ese caballo que tan buenos resultados les dio...
L.
C.: Un clásico:
una película, un libro y tu top ten de discos o artistas.
C.
Z.: Cyrano de Bergerac (versión Depardieu),
no me canso de verla; El Verdugo o Plácido del genial
Berlanga, y muchas de Buñuel y Almodóvar; cualquier
libro de Juan José Millas,
Vargas Llosa o Eduardo Mendoza (el último "El Tocador
de Señoras" es genial), o de Victor Hugo o de JF Revel,
un intelectual sin ideología (lo cual le hace tremendamente
objetivo); casi todos los álbumes de Gainsbourg; de
Antonio Vega; de Michael Jackson; Jamiroquai; Prodigy; The Smiths;
Pink Floyd; La Callas; Eric Satie; Queen; el recién descubierto
Benjamin Biolay; Earth Wind and Fire; Louise Attaque; Bernard
Lavilliers; los dos álbumes de Orishas; y permíteme
añadir el nuevo álbum de Maga (que es un concentrado
de calidad, originalidad, y trabajo bien hecho).
L.
C.:
Que no has hecho todavía.
eso que tienes señalado en tu agenda como importante
pero sin fecha definitiva.
C.
Z.: Tópico, pero el amor en un avión,
con mi querida mujer; un hermanit@ para mi hija (y mira tú
por donde, podríamos rematar dos pájaros de un tiro.)
Ver crecer a cámara lenta a mi hija, (¡los bebés
crecen muy rápido!). Pasar más tiempo con mis amigos
y con mi Maitita; seguir
flipando y emocionándome con cualquier álbum o maquetas;
poder comer como un cerdo sin engordar; vivir de aquello que yo
me sé, que no, no es del cuento; que los días no
se acaben. Y tantas cosas más... Pero no tengo agenda,
así que habrá que esperar.
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