mayo'02

nombre: Christophe Zubillaga

nacido: En Marseille (Marsella). Lo recomiendo. Ciudad mediterránea, variopinta y soleada donde las haya. A 4 horas de Barcelona.

carácter: Bueno y malo, depende del momento, y así abarco más estados de ánimo, es más apasionante.

aficiones: El petit point. Pero si me da el punto (el otro), me aficiono a todo, todas, y todos, enseguida. Ah, y acabo de descubrir el curling en Eurosport. Tiene su punto, pero no lo entiendo: en un pasillo de hielo van tres, uno lanza una especie de bola aplastada, otro barre con una escoba delante de la bola, y otro se agita delante de la bola, o también barre, según le de el punto. Luego la bola se para en una diana rollo Quadrophenia y la peña aplaude, o no. ¿Alguien sabe si hay curling in Espain?

 

estado actual: Padre, que ya es.

curiosidades: Me temo que sean todas inconfesables, cotillas.

curriculum: Cuando llevas años currando, las carreras que tengas, por muy bien que suenen, no importan. Aprendí también mucho siendo: recogedor de lechugas (esas que luego meten limpitas en bolsas de plástico), camarero, empleado de McDonald, azafato de vuelo en Air France, comercial de un hotel de la Expo 92, actor, comercial en Sony Music France y llevo 9 años en la música en España (producto estratégico en EMI, producto internacional en BMG Ariola; A&R en EMI Music Publishing) y otras actividades que no vienen al caso... No descarto volver a cualquiera de mis anteriores actividades...

actividades complementarias: También.

clubs, asociaciones: Clubs, de alterne, no. Chango, Gold, Ministry Of Sound en Macumba; Room. Asociaciones: vivo de alquiler, no puedo estar ni en la asociación de vecinos. Asi que no. Pero si hay un club de curling español, igual me apunto.

 

Limbo Club: ¿Cuáles son para ti los males de la "industria musical" (de la que formamos parte)?

Christophe Zubillaga: Hay dos males aparentes denunciados por todos los profesionales: la piratería y... ¡Operación Triunfo!. Pero no son más que la parte visible del iceberg. Si bien la piratería es una lacra, no creo que OT sea un mal en sí mismo, está muy bien que haya un OT, o lo que sea, lo que está mal, muy mal es que solo haya esto y que la industria sea incapaz de proveer algo distinto, y que se llame inapropiadamente artistas a sus participantes. En mi opinión, una industria encuentra su justificación en la creación de valor añadido a la materia prima. Permíteme un símil un poco chusco: cuando Kellog's vende cereales, los ha transformado físicamente, los ha dotado de un valor añadido, vende maíz disfrazado de corn flakes crujientes, con azúcar, en una caja atractiva, con información de lo que hay dentro, etc...Y a esta marca en concreto los consumidores le atribuyen un valor (real o subjetivo, de calidad, de "buen" producto, etc...), al final, compras mucho más que maíz, crees que comes algo sano, dietético y saludable, y piensas que si comes esto, vas a hacer una digestión impecable, tener energía para todo el día, etc... pero al fin y cabo es solo maíz, pero prefieres comerte corn flakes que maíz en grano. De la misma manera, una industria cultural, sea la que sea, tiene que dotar a los "productos" (es lo que son al fin y al cabo) de unos atributos que no tenía la materia prima, tiene que cumplir con esta creación de valor. De la maqueta al producto acabado tiene que haber una serie de procesos que hacen que el producto acabado este dotado de unos valores añadidos: en nuestro caso un buen sonido, unas excelentes canciones, una portada original, artística, llamativa (que cuente de alguna manera lo que contiene el disco)... Esto no quiere decir cambiar la materia prima, no cambiar el arte, significa hacerlo mas atractivo, significa fortalecer todo el universo emocional iconográfico, que rodea al artista. Si me enrollo tanto, es porque pienso que la industria española no siempre (o casi nunca) cumple con ésta, su obligación: dar valor añadido a sus fichajes, dotar a sus productos de un valor emocional bestial. Demasiados discos son cutres a más no poder, los vídeos casi siempre no venden nada, no venden emoción que es lo único que tenemos que potenciar; lo demás, lo pone el artista (por supuesto, la emoción también, por eso digo que sólo la tenemos que potenciar; reforzar el universo de valores del artista, dotarle de unos sutiles códigos para, siguiendo su rollo, hacerle único. Cuando alguien compra un disco, compra mucho más que unas canciones, compra un universo, una definición de si mismo (que te compres un disco de Javier Ruibal o Linkin' Park dice mucho de ti), compra unos valores emocionales muy potentes, compra por unas razones afectivas muy personales. Reducir los artistas o los discos a meras "marcas" puede parecer una visión un poco mercantilista pero es de lo que estamos hablando ¿o no?, de artistas que quieren compartir su arte, con cuanta más gente, mejor, es decir vender discos o tocar, y no es mi culpa si el mundo esta dominado por las marcas (es decir por el carrusel de valores que definen cada marca y con los que nos identificamos mas o menos, incluso con la ausencia de marca). Y lejos de uniformizar todo, lo que se consigue, y lo que se debería perseguir es que cada artista tenga un tratamiento distinto, que cada artista salga reforzado en su individualidad. Creo que este es el problema esencial, fundamental.

Luego están los demás, a granel:

- la corrupción que hace que muchas veces el negocio no este en vender los discos, sino en hacerlos, pero imagino que este es un mal menor y no solo nuestro;

- la falta de medios para crear productos competitivos a nivel local o internacional (ningún artista español participa del tan aplaudido, en ciertas esferas, supuesto boom latino, que es sobre todo Miamero; y a pesar de que Ibiza está en España, todavía no hay un artista de la escena Dance que haya cruzado las fronteras, o se haya afianzado aquí mismo; para el mundo entero, el flamenco son... los Gipsy Kings);

- la falta de atrevimiento a la hora de fichar y apoyar a determinados artistas que se salen de la corriente (obviando que España es un país muy variado, y que hay público para todo). Hay que apostar por la variedad e huir de esta uniformización que tanto se critica pero que no nos impone nadie;

- la escandalosa falta de apoyo institucional (desde el órgano de la industria, Afyve, cuyo papel todav’a no entiendo, al inexistente Ministerio de la Cultura;

- la falta de cojones de algunos artistas que, por ejemplo, se conforman con salir en programas como Noches de Fiesta cuando esto no aporta nada, y el desconocimiento del negocio por parte de muchos artistas, excusable para los noveles, sorprendente para los consagrados;

- la tremenda falta de infraestructuras de calidad para los directos, y la falta de inversión para los directos (se ha acostumbrado al público a no pagar para ver a un artista en directo ya que todos han tocado en plazas de pueblo, y lógicamente, no hay mucho dinero para invertir en luces, sonido, músicos, parafernalia, en definitiva para montar un show como lo montan los extranjeros).

- El desencuentro entre radios y artistas: hace falta mucho tiempo para establecer un single, un artista; las radios necesitan novedades constantemente, y los plazos entre esos dos socios son ahora mismo incompatibles. Las compañías se han vuelto meras proveedoras de contenidos para los medios, eso está bien si los medios son variados, está mal si existen, como aquí, unos pocos medios muy potentes que marcan una pauta que inevitablemente hay que seguir.

- la falta de medios de comunicación variados, potentes, diferenciados, que sean verdaderas alternativas (y no intentos a medias como Radio 3 que podría ser una verdadera alternativa pero no lo es, en absoluto);

*Pero se vislumbran luces al final de este túnel:

1. Hay propuestas artísticas muy prometedoras e innovadoras;

2. Asistimos a una eclosión de nuevos medios (radios m‡s o menos piratas; prensa alternativa, canales de TV) y esto es muy sano.

3. Algunos sellos indies pueden destacar y hacer mucho ruido. Espero que retomen (o tomen) el protagonismo, huyendo del cutrerio al que muchos se han visto abocados por falta de medios y de apoyo, mientras otros son incapaces de superar su propio cutrerio, y no cometan los mismo errores que muchas majors que tanto critican... La bala est‡ en su terreno... La conyuntura no pude ser mejor para facilitar la eclosión de sellos independientes de calidad, o el afianzamiento de otros; y la selección será natural, los buenos seguirán, los demás desaparecerán... Y que por fin los artistas vuelvan a sorprender, haciendo las cosas bien, siendo únicos, sin más.

L. C.: ¿Cuales serían las soluciones?

C. Z.: Muchas. Primero huir del fatalismo y del victimismo que no llevan nunca a nada positivo, y obviamente acabar con la piratería (que si está aquí es por desidia pura y dura) y el falso debate que provoca. Volver a valorar lo que hacemos, apostar por artistas y dejar de jugar a la lotería, (de 25 discos que saco, alguno venderá!). Que no se oiga más la frase de envidia ante un producto nuevo "claro, viene de fuera..." como si aquí fuéramos incapaces de hacer algo presentable. Dar tiempo a los artistas para que se instalen, para que el público tenga oportunidad de conocerlos. Apostar por la variedad artística. Retomar el contacto con "la calle"; parece una obviedad, pero "la calle" queda muy lejos de las compañías, que lejos de anticipar los cambios socio-culturales, ni siquiera son capaces de recuperarlos. Retomar el pulso. Luego, aportar/renovar la creatividad en todos los procesos, e huir como de la peste de la rutina y los automatismos ancestrales. Talento y creatividad al poder. Que los artistas vuelvan a ocupar al centro de toda esta historia. Pero los artistas son los primeros que tienen que ponerse la pila. Volver a contar algo, no querer ser uno más. Uno nace artista, no se hace, por mucha academia, un artista lo es por derecho propio, incomparable, y deberían de encontrar los cómplices en la industria para poder compartir su arte con cuantos más, mejor. Hoy en día, hay tan pocos artistas que tienen algo que contar que aburren. Los artistas consagrados deberían de llevarse bien con la frase "renovarse o morir" y dejar de hacer el mismo disco una y otra vez. Y, last but not least, que en las compañías, se barran las escaleras desde arriba, no sirve de nada echar a la gente de promoción, no tienen la culpa... Tampoco estaría de más que vuelva a existir un compromiso entre la locura de la gente del arte con la cordura de los gestionarios, de este frágil equilibrio entre locura y cordura surgen cosas fantásticas para una industria cultural. El IVA, y el precio de los discos son debates polémicos que no deben ocultar los problemas de fondo. ¿Si los discos son más baratos pero igual de malos (en su forma y fondo), habremos solucionado algo? No lo creo, de ser así, seguiríamos valorando el trabajo en términos únicamente cuantitativos (la facturación de las empresas) pero es urgente y vital resucitar criterios cualitativos.

L. C.: ¿Que diferencias encuentras entre la situación en Francia y aquí?

C. Z.: Las comparaciones son odiosas, pero sin llegar a comparar, a veces se puede aprender mucho con solo observar como lo hacen los demás, sean franceses, alemanes, italianos o albaneses. He contestado un poco a esto en la pregunta anterior. Lo que aquí se echa en falta existe en el otro lado de los Pirineos, a tan sólo media hora de San Sebastián o Gerona. En cualquier estilo, cualquier genero, desde la indie a la major, prevalece un serio compromiso con la calidad. No hay más que echar un vistazo a la lista de ventas francesa: una increíble variedad, los OT de turno (allí se llaman L5 o Star Academy) se codean con artistas de 82 años (Henri Salvador), freaks de la electrónica (Daft Punk, Galleon), el salvador de postín del tercer mundo (Manu Chao), polifonías de Corcega (I Muvrini), cantautores geniales y frescos (Benjamin Biolay, un genio que actuará en Festimad, o M), pop edulcorado (Alizée), BSO de musicales (Notre Dame de Paris), rockeros electrónicos (Rinocerose), artistas africanos o de procedencia extranjera afincados en Francia (Cesárea Evora, Lokua Kanza, Ismael Lo), raperos bretones (Mau Mau), indies que venden más de un millón de copias de cada álbum (Louise Attaque), raperos poetas de verdad (MC Solaar, IAM, Akhenaton, Le peuple de l'Herbe), rockeros inagotables (el inefable Johnny Halliday), Divas en constante renovación seguidas por legiones de fans, a medio camino entre Madonna y Marylin Manson (Mylène Farmer, a la sazón productora de Alizée) etc.... Casi todos estos venden más de medio millón de discos, y están aquí potenciados por una industria muy atrevida y potente. Tanta variedad sólo puede ser síntoma de una industria muy sana y envidiable. En Francia, la cultura, es asunto de estado, y no por chovinismo (demasiado fácil), si no porque una nación, un país, una región no existen sin una cultura definitoria, unificadora, abierta, potente, plural, compartida: lo primero que hicieron los revolucionarios del 1789 con el palacio real fue convertirlo en un museo para el pueblo: el Louvre. Y para celebrar tan genial idea, hace 13 años, un arquitecto japonés ha montado allí en medio una peculiar, y hoy admirada, pirámide de cristal. Pero nada es sagrado, todo ha de avanzar. Esto no es multiculturalismo (que segrega), es cultura y punto. No coexisten varias culturas, sino que están intimamente ligadas. El eclecticismo es un valor en sí mismo. Y no es chovinismo porque en París, Blanca Li o Cesc Gelabert actúan en los teatros más prestigiosos cuando en Madrid se conforman con las salas alternativas. Almodóvar es siempre aclamado y adorado, como lo fue Buñuel o los son Emir Kusturica, los Coen, y Woody Allen cuyos éxitos de taquilla son impresionantes. Sergi López, Carmen Maura o Victoria Abril son allí estrellas, que reciben un trato que aqu’ no se les dispensa ni en broma. Cuando abres tus puertas a los demás, es que en tu casa no tienes problemas.

L. C.: ¿Que papel crees que deberían interpretar la editoriales en todo esto?


C. Z.:
Al no estar sujetos a la presión comercial del lanzamiento de discos, y sin el apremiante factor tiempo, deberían de tener un papel más agresivo desde los primeros momentos de la creación, apostar e invertir más en ayudar a sus autores y artistas; volver a ser laboratorios de creatividad. Pero al final, las editoriales son dependientes de las discográficas ya que a ellas corresponde vender los discos. De momento, es un deseo... poco a poco. Rome wasn't built in a day. También los sellos independientes tienen mucho que aportar, pero como en todo, en el mundo indie también hay mucho desperdicio. Los artistas indies que piensan que con cagarse en los 40 Principales ya han alcanzado el punto álgido de su discurso (en el fondo tan facha) deberían de dejar de mirarse el ombligo, currar más y mejor, dejar de lado la actitud, y pensar, y actuar.... La actitud no es nada, lo que cuenta es lo que haces. Deberían, más bien, pensar en esos griegos tan listos que a las puertas de Troya inventaron ese caballo que tan buenos resultados les dio...

L. C.: Un clásico: una película, un libro y tu top ten de discos o artistas.

C. Z.: Cyrano de Bergerac (versión Depardieu), no me canso de verla; El Verdugo o Plácido del genial Berlanga, y muchas de Buñuel y Almodóvar; cualquier libro de Juan José Millas, Vargas Llosa o Eduardo Mendoza (el último "El Tocador de Señoras" es genial), o de Victor Hugo o de JF Revel, un intelectual sin ideología (lo cual le hace tremendamente objetivo); casi todos los álbumes de Gainsbourg; de Antonio Vega; de Michael Jackson; Jamiroquai; Prodigy; The Smiths; Pink Floyd; La Callas; Eric Satie; Queen; el recién descubierto Benjamin Biolay; Earth Wind and Fire; Louise Attaque; Bernard Lavilliers; los dos álbumes de Orishas; y permíteme añadir el nuevo álbum de Maga (que es un concentrado de calidad, originalidad, y trabajo bien hecho).

L. C.: Que no has hecho todavía. eso que tienes señalado en tu agenda como importante pero sin fecha definitiva.

C. Z.: Tópico, pero el amor en un avión, con mi querida mujer; un hermanit@ para mi hija (y mira tú por donde, podríamos rematar dos pájaros de un tiro.) Ver crecer a cámara lenta a mi hija, (¡los bebés crecen muy rápido!). Pasar más tiempo con mis amigos y con mi Maitita; seguir flipando y emocionándome con cualquier álbum o maquetas; poder comer como un cerdo sin engordar; vivir de aquello que yo me sé, que no, no es del cuento; que los días no se acaben. Y tantas cosas más... Pero no tengo agenda, así que habrá que esperar.

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fotografía © 2002 Maite Díez / retoque digital C. S. Ulla

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