Vídeoclip
de "El hombre que casi conoció a Michi Panero. Realizado por
Francisco de Borja. Elegida canción del año 2005 por la
revista Rockdelux.
Un
disco de Nacho Vegas
con
Las Esferas Invisibles: Iker González, Manu Molina, Jairo Moreno
y Xel Pereda,
y
la colaboración de Paco Loco, Les Guajettes (Carla, Serena, Verónica
y Yasmín, bajo la atenta mirada de Iván J. Román
Busto), Sara (viola), Carlos Villoslada (saxo), José Guillemón
(trombón) y Miguel Ángel Muñoz Crespo (trompeta).
Grabado
en septiembre de 2004 por Paco Loco y mezclado en febrero de 2005 por
John Agnello, todo en el estudio de Paco del Puerto de Santa María
(Cádiz). Grabaciones adicionales por Xel Pereda en los estudios
Mundo Sonoro (Xixón) y por Iker González en su casa. Masterizado
por José María Rosillo.
Nuestras
más sinceras gracias a Almudena, Iván y toda la academia
de música Rigodón, Muni Camón, Mar Rodríguez,
Eva Vallina Molina, Amadeo Martín y Conservatorio Profesional de
Música de Gijón.
Es hora de recapitular las hostias que me ha dado el mundo. Hoy vendrán
a oír mi último adiós. Bien. Uno a uno van llegando
y yo los recibo en batín.
Y
unos me llaman chaval
y otros me dicen caballero.
Alguno no se ha querido pronunciar.
Yo una vez tuve un amor,
pero si he de ser sincero
dije "no" en el altar
y cuando digo no es no.
Fracasé una vez, fracasé diez mil
y aun así alzo mi copa hacia el cielo
en un brindis por el hombre de hoy
y por lo bien que habita el mundo.
¡Mirad, las niñas van cantando! (Niñas): Shalalaralalá...
Y no me habléis de eternidad. No me habléis de cielos
ni de infiernos. ¿No veis que yo le rezo a un dios que me prometió
que cuando esto acabe no habrá nada más? Fue bastante
ya...
Nunca fui en nada el mejor,
tampoco he sido un gran amante.
Más de una lo querrá atestiguar.
Pero si algo hay capital,
algo de veras importante,
es que me voy a morir
y cuando digo voy es que voy.
Lo he pasado bien, y casi conocí en
una ocasión a Michi Panero,
y es bastante más de lo que jamás
soñaríais en mil vidas.
¡Mirad, las niñas van cantando! (Niñas): Shalalaralalá...
Dejadme preguntar: ¿Es esto el final? Y si es así, decid:
¿Me vais a extrañar? ¡Ah, veo que asentís
pero yo sé que no!
Qué lástima, no dejaré
nadie a quien transmitir mi sabia;
consideré insensato procrear.
Y diréis de mí que soy
un viejo verde y cascarrabias,
y diréis muy bien,
y cuando digo bien es bien.
¡Largo ya de aquí! ¿Qué queréis de
mí?
¿Es mi alma o es mi dinero?
Si de uno carezco y la otra es
una anomalía en esta vida.
¡Mirad, las niñas van cantando! (Niñas): Shalalaralalá...
¡Y unos me llaman chaval, y otros me dicen caballero! ¡Alguno
declinó mi oferta para hablar! ¡Yo una vez tuve un gran
amor, pero si os he de ser sincero dije "no" en el mismo altar,
y cuando digo no quiero decir que no!
He bebido bien, y casi conocí en
una ocasión a Michi Panero,
y ahora brindo en paz por la humanidad
y por lo bien que habita el mundo.
¡Escuchad, os lo diré cantando! (Viejo): Shalalaralalá...
Has...ta... nun...ca... Ella me confundió con otra persona
Ella gritó, después susurró
y en ningún caso yo entendí una palabra.
Dijo que sí, siempre estaría allí,
y después pretendió que le diera las gracias.
Comenzó una noche cualquiera
y aún no lo he sabido parar.
Ella corrió; dijo: ven tras de mí,
y el polvo que levantó me cegó completamente.
Me señaló; gruñó: es el mismo error.
Yo traté de explicar que era un error diferente.
¿Qué más da? Se trata de errores.
Qué más da, si el peor de ellos fue
que ella me confundió con una persona que, obviamente, no era
yo.
Ella aportó ante el juez cartas,
y yo juraré que aquella no era mi letra.
Puso en mi boca frases que a mí
me sonaban a pura jerga extranjera.
Señor Juez, esa no es mi ropa.
No, aquel no es mi neceser.
Una noche salí; vi a un anciano morir.
Me quedé y le robé su dentadura postiza.
Ahora sí, ya te puedo mirar
y lucir a la vez una enorme sonrisa.
¿Qué más da que la gente muera?
Qué más da, si tienen que morir.
Ella me confundió con una persona que, obviamente, no era yo.
Me lo podéis discutir, y hasta contradecir,
pero sé lo que viví, rezando día y noche así: Dios mío, haz que me olvide o que se muera.
Ella volvió. Oh sí, ella volvió,
y no tardó en declararme su amor tan profundo.
Hagamos que todo empiece otra vez
y termine con el polvo más triste del mundo.
¿Qué más da que el amor renazca?
Qué más da, si en el fondo yo sé
que ella me confundió con una persona que, obviamente, no era
yo.
Nuevos
planes, idénticas estrategias
Parece ser que va a llover, el aire hoy es más cálido,
me dijo una mujer de aspecto amable y peinado imposible esta mañana
en el ascensor. ¿Por qué nadie me iba a mentir allí?
Tal revelación me impidió dormir. Tracé un ambicioso
plan; consistía en sobrevivir. Y mi voz era un imán, y
así logré captar, paseando por el Carrefour, a un ejército
de un centenar. Y nos reuniremos en los aeropuertos, y al calor de una
smoking-room en la que no entra aire ni luz hablaremos del tiempo y
acaso del gobierno, y trazaremos nuestro magno plan, y a una estación
sucederá otra igual.
Parece
ser que fracasé; mi rostro hoy no apareció por televisión.
Da igual; yo, como buen occidental, sé nadar igual que un pez,
un pez en un mar de mediocridad. Casi claudiqué. Les oí
decir: con lo que hay dentro de ti, no estará nada mal
si mañana estás aquí. Y en la cama de un
sucio hospital continúo en soledad disparando como Kevin Ayers
a una luna llena, tan, tan llena, que no puedo fallar, que no voy a
fallar. Y sé que no querrás volver a confiar en mí;
ya nadie confía en la energía nuclear después de
lo de Chernobyl. Pero el cielo, aun tan negro, es nuestro cielo, es
nuestro, y tengo un ambicioso plan; consiste en sobrevivir. (Te quiero,
y no he hecho y sé que no haré jamás nada más
real y nada más sincero. Te quiero, y tengo un plan para los
dos; consiste en sobrevivir.)
Cerca del cielo (Canción de Juanito Oiarzabal)
Si pudiera elegir
sólo un deseo
pediría vivir
siempre cerca del cielo.
Un cielo tan real
como el abismo,
en una guerra tan cruel
como la de uno contra uno mismo.
¿Querrás consentir
a quien quiere vivir así,
como Sísifo?
Empeñado
en subir, para luego bajar por pendientes imposibles. No cejé
un tanto así y al final conseguí completar los catorce
ocho miles, y aún me sobró tiempo para gritarle a los
astros: ved lo que soy, y que el resto no es más
que guijarros que caen al vacío.
Sólo
yo contra mí
y contra los elementos,
calculando al milímetro
el más leve movimiento.
Mi cruz es de piedra
y mira al precipicio.
Seguiré hasta el final,
seguiré hasta el día del Juicio.
¿Querrás consentir
a quien quiere morir aquí,
en los Alpes?
Y
que vuelve a subir, y después descender por terrenos casi impracticables.
Si consigo avanzar tal vez logre ahogar algo dentro de mí inextirpable,
algo que se retuerce y que no se detiene y que hará que ahora
vuelva a repetirlo: cuando haya de morir quiero hacerlo aquí,
CERCA DEL CIELO.
Y me aferro a una roca más dura que dios y la falta de oxígeno
nubla mi cabeza y sé que un poco más bastará para
salvarme, un centímetro bastará para salvarme, una sola
gota bastará para salvarme, un poco de paz bastará para
salvarme.
Perdimos el control
Me agarró con fuerza de la mano. Yo sonreí e ingerí
otro rohipnol. Éramos sólo dos perros abandonados; perdimos
el control. Caminamos deprisa y sin rumbo. Aquel día el sol abrasaba.
Cruzamos corriendo las Siete Autopistas; perdimos el control. Conocimos
a una tal Amparo. Dijo: "No hay más que dolor y alivio,
dolor y alivio, dolor y..." Nos guió hasta aquel cementerio
de gatos en el que perdimos el control. Y quisimos salir de allí.
La miré; ella balbuceó. Ocurrió algo confuso y
después la perdí; habíamos perdido el control.
Y nos creímos ángeles,
y hasta ella quiso volar.
Y lo hizo tras dejarme
aquel mensaje aún por contestar: "¿Dónde estás, corazón? ¿Te
has cansado de mí? Yo estoy en el balcón y ¿sabes?,
voy a saltar."
Se rió ¡JA JA JA!- y después
se cortó.
No hice más que vagar por un tiempo. Traté de limitarme
al alcohol. Intenté no sumirme en la locura o perdería
el control. Conocí a una mujer en Conill. Disfrutamos del mar
y del sol. Un mal día le dije: "Esto te gustará,
pero perderemos el control." Ocho y medio
Miro
al techo que hoy ha vuelto a gotear; hacía tiempo que no llovía
así. Y cada gota golpeando contra los cacharros de metal me hace
pensar unas veces en sangre y otras veces en ti. Lo que en realidad
viene a ser lo mismo. Lo que, por crueldad, viene a dar igual. O puede
ser un ángel que una vez perdió la fe y fue expulsado,
y que ha venido a agonizar justo encima de mi hogar y estas gotas sean
sus lágrimas. O puede que sea hora de entrar ya en razón
y llegar a comprender que dentro de este horror no hay literatura, no,
y eso tú lo sabes bien a fuerza de caer en una trampa mortal
que en el tiempo dura ya ocho años y medio. Seré muy breve;
te quiero, y esto duele.
Y vino un pájaro a posarse en mi ventana. Tenía una ala
rota y su plumaje era gris y azul. Y al acercar mi mano y comprobar
que no echaba a volar supe de inmediato que lo enviabas tú. Lo
tomé entre mis garras y lo dejé morir, y cuando lo hizo
aún llovía aquí. Y la sangre al gotear entre zarpas
de animal presagió mi suerte, como una ave que voló de
Madrid hacia Gijón aun herida de muerte, reescribiendo la espiral
de prometer hacerlo bien, cometer un nuevo error, no saber pedir perdón
o pedirlo demasiadas veces. Y aunque ahora escupo una oración
helado de terror ningún dios responde aún. ¿Soy
yo el que no ve o es que todavía no se hizo la luz? Seré
muy breve; te extraño, y esto duele.
Y trato de encontrar una salida pero no recuerdo ni por dónde
hemos entrado aquí. Y contemplo junto a mí el cadáver
del que fui según tú- en una ocasión, y es
la mancha de humedad la de la herida mortal impregnada en el colchón,
y ahora que te oigo llorar en lugar de ir hacia ti me vuelvo a anestesiar
y me limito a subir el volumen del televisor, o me concentro en recordar,
para no pensar en ti, que tendría que llamar y que alguien venga
a reparar la gotera de una puta vez, que ya cansé de recoger
litros de agua gris, gris como un metal que un día relució
y hoy lo cubre suciedad. ¿Qué se hace para amar lo que
quise despreciar ya una y mil veces? Seré muy breve; te he perdido,
y esto duele. Al norte de mí
De madrugada salgo a navegar,
cuando el mar aún conserva la calma.
Mi mente está en blanco y mi cuerpo es tan blando
que podría hundirme en él.
Me preguntas ¿esto es de verdad,
o es un engaño más de los que ha urdido el demonio contigo?
Yo digo ¿qué coño sé? Rema y después
veré
como parecer alguien bueno.
Y la fiesta se acaba ahora que ella empezaba
a sentir que aquel juego era un plan.
Le digo ven, sígueme, ella asiente y sé que
todo recomenzará esta noche
y mañana dios ya dirá lo que hacer
(entre tanto, remar),
y si vais a buscarme hacedlo allí:
en cierto lugar, a mil millas o más,
al norte de mí.
La que bien me conoce me cita a las doce
y la noche se esfuma en reproches.
Los trapos más sucios, la ropa más vieja
y que cierre la puerta al salir.
Luego empieza a gritarme que podría tirarme
a cualquier cosa que se mueva,
y yo, como siempre, opto por encogerme
y tender así a desaparecer.
Y la fiesta se acaba ahora que ella empezaba
a sentir que aquel juego era un plan.
Le digo ven, sígueme, ella asiente y sé que
todo recomenzará esta noche
y mañana dios ya dirá lo que hacer
(entre tanto, remar),
y si vais a buscarme hacedlo allí:
en cierto lugar, a mil millas o más,
al norte de mí.
Y la fiesta se acaba ahora que yo empezaba
a sentir que aquel juego era cruel,
y yo qué le voy a hacer si ella acudió a mis pies
como la perra más fiel,
así que sólo tenéis que encontrar un bar frente
al mar
y una vez allí preguntadle al viejo borracho
y él os dirá: buscad a mil millas, o tal vez más,
al norte de Nacho.
Autoayuda
¿Quién entre esos que ahora te adulan y que hablan tan
bien de ti,
quién permanecerá por aquí en las horas bajas?
Y cuando sientas que el suelo comienza a crujir a tus pies,
cuando duelan el hambre y la sed, ¿cómo te sobrepondrás?
¿Y adónde irás, qué es lo que harás
cuando no esté yo?
¿Quién por aquí que mire por ti cuando falte yo?
Y dime cuántas podrías llegar a contar
antes de que decidas dejar de contar las noches que pasan.
Y cuando suba la fiebre y el cuerpo te tiemble
y no seas quién ni a gritar mi nombre, ¿cómo te
arreglaras?
¿Y adónde irás, qué es lo que harás
cuando no esté yo?
¿Quién por aquí que mire por ti cuando falte yo?
Tal vez no sea hoy, ni mañana, ni al otro,
pero bien lo verás:
todos, un día, te olvidarán.
¿Y quién entre esos que ahora te adulan y que hablan tan
bien de ti,
quién permanecerá por aquí para verte caer?
¿Quién vendrá con el alba, quién al atardecer,
y ante todo pregúntate quién querrá hacerlo por
las noches?
¿Y adónde irás, qué es lo que harás
cuando no esté yo?
¿Quién por aquí que mire por ti cuando falte yo?
¿Y adónde irás, qué es lo que harás
cuando no esté yo?
¿Serás feliz así, o no?
La noche más larga del año
Ven, viento del sur.
Ven y hazme fuerte.
Ven y líbrame al fin
de esta hora al acariciarme.
Y déjame que decida
que la vida fue el único error.
Déjame a mi suerte
pues no hay muerte si no hay también perfección.
Y sal, pánico, sal,
sal de mi mente.
Nadie nos prometió
vivir eternamente.
Bajo sábanas blancas
sé que guardas tu pobre interior,
como en una mudanza
hacia un sitio que te han prometido mejor.
Y es que hoy va a ser
la noche más larga del año,
y la voy a vivir como si en realidad
no tuviera que asistir a su final.
Y sal, sangre, sal,
sal de mi cuerpo.
Sal y vuelve a entrar
anegada en venenos.
Ahora que nada espero
y que no hay nada ya que añorar,
ahora hasta el mismo cielo
me acompañará en la cuenta atrás.
Y hoy va a ser
la noche más larga del año,
y la quiero vivir como si en realidad
no tuviera, no, que asistir a su final.
Hoy va a ser
la noche más larga del año,
y la quiero vivir con amor y absurdidad.
Ya estoy listo
para el más puro final.
El puro final.