Limbo Starr, 2002
Editado el 10 de febrero

- comprar -

Actos inexplicables
Seis canciones desde el norte
Miedo al zumbido de los mosquitos
Cajas de música difíciles de parar
Canciones desde palacio

El hombre que casi conoció a Michi Panero
Desaparezca aquí

Esto no es una salida
El tiempo de las cerezas

 

 

CD1

1. Noches árticas
2. N. V. por la paz mundial
3. Todos ellos
4. El mundo en calma
5. Sólo viento
6. En el jardían de la duermevela
7. Tu nuevo humidificador
8. La plaza de la soledá
9. Por culpa de la humedad
10. En La Sed Mortal

CD2

1. El salitre
2. Mark Spitz
3. Gang-Bang
4. Stanislavsky
5. La sed
6. Monomanía
7. Etcétera
8. Maldición
9. Historia de un perdedor
10. La canción de la duermevela

Iker González
Manu Molina
Jairo Moreno
Nacho Vegas
Diego Yturriaga

Con

Beatriz Concepción (voz en 8; cortesía de Elefant Records); J (voz en 1; cortesía de BMG Music Spain, S. A.); Paula Fernández Lueje (voz en 3); Nacho Suárez (sintetizador en 1); José Ángel Llaneza (zanfona en 9); Xel Pereda (mandolina en 3); Thalia Zedek (clarinete en 13); Paco Loco (guitarra pedal steel en 1 y 16; teclados en 2 y 15);

y

Pedro San Martín (viola); Masten Brich (viola); Yves-Nicolas Cernea (chelo); David Colado Coronas (trombón); guiados por la cabeza y la batuta de Carlos José Martínez.

Grabado y mezclado con Paco Loco en su estudio del Puerto de Santa María (Cádiz).
Grabaciones adicionales realizadas con Xel Pereda en Mundo Sonoro (Xixón) y asistidas por José Luis Contreras Boto.

Masterizado por Carlos Hernández en Sonoland (Madrid).

David Ponce fue fundamental. Muni también. Un recordatorio para Juan y Harry. Fernando Porres, cuídate.

Diseño y fotografía: C. S. Ulla
Producción ejecutiva: David López
Todas las canciones © Limbo Starr


*Cajas de música difíciles de parar, elegido mejor álbum nacional 2003 por La Luna (El Mundo), muzikalia y moonpalace; tercer mejor álbum nacional para Rockdelux y para los lectores de supernovapop. También ha sido destacado en Go mag, terra, satelitepop , mondosonoro , fiberfib , toxicosmos , feedback-zine y universopop.

*Elegido Mejor álbum nacional del 2003 por los lectores de la revista Rockdelux.

© Limbo Starr

 

 

 

CD 1

Noches árticas

Para José Ramón Vélez

Hoy de nuevo
cerraremos los ojos
deseando con devoción
una nueva noche ártica
y del negro más puro
-no como el de la oscuridad
sino como el del ébano-.
Así nuestros pulmones
se anegan en un sueño
que envenena y que sana.
Sueños de noches árticas
que envenenan y que sanan.
(Cierra los ojos. Escucha en la oscuridad
cómo resuenan las cajas de música.
Inténtalas parar.)

N. V. por la paz mundial

Ya estalló el conflicto
y no preguntarán:
¿Estáis listos?
¿Listos para marchar?

Oíd saludos desde el Cielo,
saludos desde el Fin.
Hoy Bambino
y el viejo Konstantino
beben y hacen el amor
(y nosotros aquí).

No hay guerra mundial,
no hay droga capaz
de acabar con esta obsesión.
Nos veremos en la gloria
y quizás allí descubramos la canción
que nos traiga la paz.
Se libra otra batalla
y el tedio es mortal.
A este día
seguirá otro igual.

Y tú, de pie en la puerta,
me preguntaste así:
-¿Adónde vamos?-
-Más al fondo-, respondí.
(Y obviamente luego me hundí
más y más.)

No hay guerra mundial
ni arma química capaz
de matar algo tan intenso.
Cantaremos con las víctimas
un blues que suene de aquí a la eternidad
y nos traiga la luz.

Otra noche más
creyéndome el capitán Ahab...

No, no hay guerra mundial,
no hay droga capaz
de matar todo este dolor.
Nos veremos en la gloria
y quizás allí descubramos la canción
que nos traiga la paz.

Todos ellos

Esto fue lo que ella me dijo una vez:
-¿Cómo puede llegar a matar alguien normal?-
Pero últimamente, cuando toma una copa de más, me amenaza de muerte, y yo sé que es capaz.
Y ahora que ya se ha ido
lo está susurrando mi voz:
No es tan largo el camino
ni tan lento el dolor.

Y fui a pedirle consejo al viejo fakir.
Dije: -Muéstrame el sitio donde debo dormir-.
Él me daba la espalda para hablar
y en sus llagas, de pronto, encontré la verdad.
Y me dijo: -En la guerra, saber ser un buen perdedor
es más importante que la paz y que el amor-.

Y pregúntale al hombre
del quiosco que mira al mar.
Pregúntale a la mujer
que jura ser Lady Di.
Pregunta a cualquiera,
que todos ellos te dirán:
-Cuando hayas acabado
no habrás hecho más que empezar-.

Y amor mío, en la guerra,
saber ser un buen perdedor
es más importante
que la paz y que el amor.
Mucho más importante
que la paz o el amor.
Y recuerda, amor mío,
bajo el sol
no es tan largo el camino
ni tan lento el dolor.
Tan largo el camino,
tan lento el dolor.

El mundo en calma

Sí, digamos de mí
que al menos estoy en mi insano juicio.
Sentado aquí, perdido en mi vida.
Sentado aquí y aún huyéndome.

Sí, querrás convenir
en que esto no puede ser llamado vida.
Me muevo de la cama a la cocina
y en el camino me vuelvo a perder.

Pude no hacerlo bien,
pude hacerlo peor,
pero aún golpea mis sienes
tu mensaje en el contestador
preguntando por qué no estaba yo
donde tenía que estar,
qué era aquello tan bueno
que me hizo olvidarme de ti.
¿Era en verdad aquello algo tan bueno?
¿Era en verdad aquello algo mejor?

Hoy procura dormir
y te prometo que yo
llegaré hasta allí
con los primeros rayos del sol
y no te despertaré,
querré contemplar tu sueño profundo
y así comprobar que por una vez
está en calma el mundo.
Y por una vez que encuentre al mundo en calma.
Por una vez que encuentre al mundo en calma.

Sólo viento

Y me adentré en una ardiente oscuridad.
Y al avanzar, había tanta gente que no pude ver nada más.

Y ahora alcanzo a comprender
la tristeza de saber que hay más estrellas en el firmamento
y verlas pasar,
pasar como el viento.
Como el viento...

Pero qué bien le sienta a la novia su vestido beige.
Si se debe creer una princesa en él.

Como si fuera un error
siempre encuentro a mi alrededor
cosas que amenazan al final del día
con volver,
volver como el viento.
Como el viento...

Y dicen que el buen Miguel es ahora feliz en su nueva familia. Yo preguntaré: -Feliz, ¿con respecto a qué?- Sé que puedo encontrar paz y armonía, pero no será en esta vida. No en esta vida.

Reescribiendo mi papel
oí la voz de una mujer diciéndome:
-No puedes seguir siempre siendo
sólo viento-.
Ser sólo viento,
sólo viento...

En el jardían de la duermevela

Esta noche vuelvo a percibir su olor,
hoy el cielo oscurece para mí
y allí crece perfecta.
La puedes ver brillar
a la luz de las estrellas
en su jardín,
el jardín de la duermevela.
Es el jardín donde el alma sueña.

Ella se convierte en una obsesión,
cada nervio se estremece en erección
al sentir su dulce aliento en mi garganta
y su cálida voz susurrar muy dentro de mí:
-Ven, fóllame,
ven a mí, soy la duermevela.
Ven al jardín donde el alma sueña.-

¿No lo veis? Me ofrece su bendición
y su amor de muerte.
¿No comprendéis que yo ya no soy yo
cuando ella entra en mi sangre y me pone a morir?
Buscadme allí,
en el jardín de la duermevela.

El hombre gordo nos contaba
cómo él salió de la miseria,
pero un mal día lo encontraron
electrocutado en su bañera de oro y marfil.
Unos creen en la guerra,
otros en el paraíso.
Yo, por mi parte, sólo creo en ella.
Buscadme allí,
en el jardín de la duermevela,
en el jardín de la flor perfecta.

¿No lo veis? Me ofrece su bendición
y su amor de muerte.
¿No comprendéis que yo ya no soy yo
cuando ella entra en mi sangre y me pone a morir?
Buscadme allí,
en el jardín de la duermevela.

En el jardin de la duermevela
(en el jardín donde el alma sueña),
en el jardín de la flor perfecta
(en el jardín donde el cuerpo enferma),
en el jardín de la duermevela.

Tu nuevo humidificador

Bastará con programarme
y yo obedeceré.
Bastará una orden tuya;
juro que funcionaré.

Soy como tu lavaplatos
y ahora haré lo que me pidas.

Podrás hacer que pare
y que vuelva a comenzar.
Podrás darme patadas,
me podrás desenchufar.

Soy como tu ordenador
y ahora haré lo que me pidas.
Igual que tu nuevo humidificador,
sólo haré lo que me pidas.

Pero el día en que el último de ellos
se te vaya a vivir
al País de los Trastos Viejos
y te abandone aquí,
yo sí, yo seguiré sirviéndote
lo que me quede de vida.
Lo que me quede de vida.

La plaza de la soledá

Al llegar al puerto subes por el barrio pescador. Dejas a tu izquierda aguas sucias bajo el sol. Y sobre tu cabeza chillan, dando vueltas, gaviotas que te guiarán. Sólo avanza un poco más, y quizás me oigas cantar:

¿Quién me habrá robado el sol
que hoy no siento su calor
y las ropas que cubrían mi piel
han tornado desnudez?

Si es que escuchas esto, estás próximo a la plaza de La Soledá.

Verás a un anciano que te hará alguna indicación. No le hagas caso; ello supondría un grave error. Y sobre tu cabeza siguen dando vueltas gaviotas que te guiarán. Atraviesa el callejón. ¿Es que no oyes mi voz?

¿Quién me habrá robado el sol
que hoy no siento su calor
y las ropas que cubrían mi piel
han tornado desnudez?

Cuando escuches esto, habrás llegado a la plaza de La Soledá.

Visite la plaza de La Soledá en el barrio de Cimadevilla (Xixón) y tómese luego una copa en el bar La Plaza.


Por culpa de la humedad

Cuando el juez le preguntó
por qué tuvo que matar,
Mona, seria, respondió:
-Fue el calor y la humedad.-

Me contaron que esperó
a la siesta de las tres.
En una mano un cenicero;en un puño el corazón.
Como una fruta madura su cráneo se hundió.

Sentada en el salón
con el cuerpo a sus pies
pensaba en que ella fue una vez
joven, guapa y feliz.
-Hubo un tiempo en el que yo
habría muerto por amor.
Hubo un tiempo en el que habría muerto por amor.-

Mona, calla, haz el favor.
Mona, me haces enfermar.
Ramona, ven aquí
que te voy a reventar.
Y si no hay nadie a quien culpar, culpemos a la humedad.

Lo enterró en el jardín
a la sombra de un nogal,
justo donde suelen ir
sus dos gatos a orinar.
-Esta vida iba a ser otra y algo salió mal.-

-Si hubo un tiempo en el que yo
habría muerto por amor.
Hubo un tiempo en el que habría muerto por amor.-

Nadie quiso saber más.
Me juraron que así fue.
Se quedó mirando afuera
esperando el anochecer.
Y corrió a ocupar la luna el lugar del sol.

En La Sed Mortal


Llevo ya una copa de más, aquí en La Sed Mortal, cuando entra Dodó. Y yo no me muevo de aquí, y aun así habré de llegar a la conclusión de que no hay un ser más culpable que yo -ni lo habrá- sobre la tierra. Y empiezo a pedir así:
Por las cosas que siento y por aquellas que odio sentir;
por mi mala cabeza;
porque mi calavera, ella, no dejará de reír;
por las lunas nuevas;
por las cosas revueltas que dan vueltas dentro de mí;
por seis años de penas
y por cosas que ni tan siquiera me atrevo a decir;
perdón por mis pies siempre fríos;
por la noche pasada, y por la otra, y por aquella también;
perdón por el Gran Sinsentido;
por querer comprenderlo y, sobretodo, por no comprender...
Perdón.

Y Dodó me observa, y yo le oigo rezar así:
-Perdón por existir-.

Y amablemente invito a un güisqui a Dodó, y él me cuenta que incluso los perros se ponen tristes después de eyacular. Después, salimos agarrados de La Sed Mortal, y es entonces cuando puedo jurar que no hay un ser más culpable que yo -ni lo habrá- sobre la tierra. Y
por dos mil años de cristiandad;
por tener la osadía de alimentarme y de respirar;
por los superdotados;
por el hombre tripudo y por la liberación sexual;
por el circo italiano;
por el viejo que agita una servilleta al hablar
y me jura y perjura que en ella
ha resuelto el misterio de la Santísima Trinidad;
perdón por la gente moderna;
porque corro el peligro de mirarme y perder la razón;
¡perdón, por el amor de Dios!;
por la gran decadencia de una vida pidiendo perdón;
perdón por los cuatro elementos;
por la tierra y el agua y el fuego y la polución;
perdón por todos mis lamentos;
por Dodó y, en fin, os pido por esta canción...
Perdón.

Y os miro a los labios, y a todos oigo pedir
perdón por existir.

CD 2

El salitre

Dicen que amainó la tormenta;
trataremos de dormir.
En nuestros pies, yodo y vendas
recuerdan el camino.
Y tú quieres saber si al despertar,
calaos hasta los huesos,
algo habrá podido cambiar,
y yo no quiero mentir.

Llegando aquí, ¿qué más nos puede pasar?
Podemos ir y preguntarle a la mar
para que nos responda con rugidos,
para que nos diga la verdad.

Y dime, si ha salido el sol y no es para los dos,
entonces ¿para quién?
O si hoy no aúlla el viento por los dos,
entonces ¿por quién?
¿Cómo puedo quererte bien
si yo soy mi propio enemigo?
Y ¿cómo recomenzar
cuando hay tanto ayer aquí, en mí?

Y ahora di, ¿qué más nos puede pasar?
Podemos ir y preguntarle a la mar
para que nos responda con rugidos,

para que nos diga la verdad.

Y te podrán decir que en el amor
siempre hay un vencido,
y que en el amor
siempre hay un vencedor.
Pero óyeme, yo estuve allí
y sé que no hay más que supervivientes.
Deja que hablen, que yo prefiero oír
las cosas de la mar.

Llegando aquí, ¿qué más nos puede pasar?
Podemos ir y preguntarle a la mar.
Y ahora di, ¿qué más nos puede pasar?
Podemos ir y preguntarle a la mar
para que nos responda con rugidos
y nos diga la verdad
y sobretodo
para poder avanzar
bajo el mismo sol ardiente
con los juicios que aún nos quedan por perder,
con el salitre adherido a nuestra piel,
como Jonás en las entrañas del gran pez,
con algas y con piedras,
con toda el agua que tragamos al nadar,
con las mentiras sobre las que tuve la osadía de jurar.
Yo jugué a ser malo y di de bruces con el mal.
Jugué a ser malo y di de bruces con el mal.
Que me perdone el capitán Ahab,
que me perdone.

Dicen que amainó la tormenta.

Mark Spitz

Anochezco y vuelvo a descansar
en una nube gris
fumando sobre plata
el terror que da vivir.

Y todo me parece bien
en esta habitación.
Por hoy me dejaré de oír:
-Ay de lo que en mí llamo yo-.

Saboreo la humedad
que se pudre en las paredes
y pido asilo en medio de la humanidad.
Pero no, no lo pido por favor
sino por piedad.

El cielo rompió en lágrimas.

Se acomodó el terror.
Sobrevino una negrura tal
como si muriera el sol.

Los hombres sabios buscan ya
algún rayo de luz.
Dicen que están ocultos
al lado de la Santa Cruz.

Saboreo la humedad
que se pudre en las paredes
y pido auxilio a toda la mediocridad.
Pero no, no os lo pido por favor,
no, nunca por favor
sino por piedad.

Quise ahogar mis penas
pero ellas nadaban en alcohol
como Mark Spitz.
Hoy la luna llena
ha decidido escupirle al sol
y yo no saco en claro más
que un trozo de canción.

Anochezco y vuelvo a descansar
sobre una nube azul y gris.
Me fumo, plata a plata,
la jodienda de vivir.

Gang-Bang

Hay cerca del Damm
cuatro putas que bailan un vals
detrás del cristal,
y se puede sentir
el sudor fuerte desde Berlín.
Tú allí, en soledad,
una lluvia muy fina golpea tu cara,
resbala en tu piel y a la vez
se ilumina un cartel ofreciéndote
Libertad y Sordidez,
todo a un precio que un hombre moderno
ha de ser capaz de pagar
una vez que la noche echa a andar.
¿No lo ves? Tu carne es más pálida.
¿No lo ves? Tu alma es más gris.
Si no pierdes al fin la razón
verás que no hay más que una solución:
¡Cas...tra...ción!

Y todas las cosas que hice mal
se vuelven hoy a conjurar contra mí.
¿Cómo habré llegado a esto...
No lo sé,
...tan lúcido y siniestro?
pero sé que no lo sé.

Y un hombre de traje me invita a pasar...
¡Gang-bang!

Ves desde tu hotel
aguas quietas igual que papel de plata
y el viento arrastra el olor
de la pérfida enana marrón.
Mira que tú fuiste el rey,
con tu cetro en la mano
y los ojos clavados en gente
que sabes que no llegarás a conocer
ni aunque vivas mil años
y el cielo se postre a tus pies,
pero su mirada no se despega de tu pantalón.
Y echas a andar por la ciudad
y atraviesas un nuevo canal.
Huyes del rojo y azul del neón,
vas en busca de algo que huela distinto al amor.

Y si viviera una vez más,
¿me volvería a equivocar otra vez?
Sí, no te quepa duda,
hasta la locura
y hasta el dolor.

Y un hombre de traje me invita a pasar...
¡Gang-bang!

Stanislavsky

Me descubro como actor,
bríndenme una ovación.
Lo haga bien o lo haga mal,
prometo hacerlo de verdad.
Hoy me encendí al anochecer;
tendré que limitarme a arder
hasta apagarme
y después dolerá pensarme así
y no habrá ni una alma aquí.

Pido excusas ante vos
por mi esperma y por mi voz,
y saco brillo a las máscaras
tras las que soy capaz de hablaros,
y buscaré en el interior
algo parecido a un dios,
y seré como un rey
que se olvida de reinar
y aun así sigue siendo rey.

La, la, la...

Viviré y moriré mil veces bajo estas luces
como un ser en rebelión que contiene multitudes.
Busco el dolor en mí y no a mí en el dolor
y empiezo preguntándome cómo, cuándo, dónde y por qué
siento aquí
una herida que es mayor (La M)
pero que se ha de volver menor (Re m).

La, la, la...

Lo haga bien o lo haga mal,
ahórrense la ovación.
He prometido la verdad
y me descubro como actor.
Y trato de atisbar el mal,
mi alma espera una señal
que llega a la noche
y se clava agujas de coser
hasta el fondo una, y otra, y otra vez.

La, la, la...

La sed

Bajo por el malecón.
Mi garganta está ajada
y se revuelve la obsesión fatal
que mueve mis huesos.
Saco mi bota de curtida piel
y bebo un fuerte licor
pensando que así
voy a calmar la sed.

Vuelvo a despertarme aquí.
Procuro olvidar
y voy descendiendo más y más.
Llego hasta esta playa
y una mujer de ojos verdes
me ofrece agua del mar.
(Y bebí.
Pensaba yo que así
iba a calmar la sed.)

Lejos del hogar,
¿quién se atreverá a hablar
mientras yo me canso de esperar
la copa que jamás me es servida?
Ya no puedo volver.

Monomanía

Necesito estar en movimiento
ahora que te vuelvo a ver lejos de mí.
Pero no queda ya ningún bar abierto
y los amigos, todos se han ido a dormir.

Y así comienzo a novelar
la historia de lo que será
cuando las cosas vayan a peor.
Y yo me veo casi igual que ahora
que no tengo nada
salvo la certeza del dolor.

O me sorprenderé gritando un día:
-Puedes seguir con tu vida
que yo con la mía, si me dejan, seguiré.-

Bien, todo sucedió según lo planeado
y ya luzco en mi antebrazo una purpúrea cicatriz,
y aún persiste en mí el deseo insano.
Nadie llega tan lejos si no es para seguir.

Pero si por casualidad
oigo que estás en la ciudad
y alguien nos presenta alguna vez,
entonces no daré a entender lo que es cierto:
yo aún te quiero
y nunca te he dejado de querer.

O me sorprenderé gritando un día:
-Puedes seguir con tu vida
que yo con la mía, si me dejan, seguiré.-

O me sorprenderé gritando un día:
-¡Ya valió la tontería!-
Y con mi vida, si usted me deja, seguiré.

Etcétera

Es casi mediodía y el terror se instala.
Michel Houellebecq

Canto esto para un cielo
hecho todo de metal
hoy que el suelo abre a mis pies
grietas anchas como el mar.
Os querré por la belleza
oculta en vuestro interior.
Os querré por la salud que adivina
cierta piel gris;
cierto aliento agrio;
ya es de día y
se ha instalado aquí el terror.

Nadie a quien amar
es
nadie a quien dañar,
etcétera.
Morirme de sed
mas por una vez
nadie muere a mi lado.

Y me pregunto en días como hoy
cuántos son y dónde están,
y me admira lo capaz que soy
de aguantar ad nauseam.
Y contemplo en el espejo
las escamas de mi piel,
y rezo para salir de este pellejo,
y rezo para huir
muy lejos de aquí,
muy lejos de mí,
piel que torna gris.
¿Qué dirán de mí
si me ven así?
Podría llorar
pero me voy a reír.

Nadie a quien amar,
nadie a quien dañar,
etcétera.
Moriré de sed
mas por una vez
nadie morirá a mi lado.

Maldición

Ezequiel, fue un gran error tan sólo regresar. Era pronto y a la gente le cuesta olvidar. Ezequiel respira hondo al descender del tren. Es extraño, nadie está esperando en el andén. Una breve intuición: algo huele a maldición. Pero se dirige a la casa en la que se crió.
Y habla con su madre: -Soy yo, madre, ¿no lo ves?- Madre dice: -Olvida que algún día te engendré-. Y habla con su padre: -Padre, ¿qué ocurre aquí?- Padre no contesta; se limita a maldecir. Ezequiel se acerca al bar; alguien le sabrá explicar. Pero todos callan, todo el mundo calla al verlo entrar.

Dicen que hizo algo y nunca nadie lo olvidó,
pero él no consigue recordarlo
y su vida entera se redujo a maldición
con los años y los años.
Ezequiel, mejor te vas de noche y sin molestar.

Ezequiel se oculta junto a las vías del tren. Necesita una respuesta para no enloquecer. ¿Qué ocurrió un verano negro en su ciudad natal, que la gente ni siquiera se atreve a mencionar? Al alba se va a lavar a un estanque del lugar, y es en su reflejo donde encuentra toda la verdad.
Ezequiel contempla el agua con un rictus de horror. En su rostro encuentra el rostro de la maldición. Llega al fondo de sus ojos, donde ya no hay luz. Puede ver su alma y continúa más al fondo aún. Toma conciencia del mal y su grito suena igual que el de un hombre roto que descubre dentro al animal.

Dicen que hizo algo, algo que nadie olvidó,
pero él no consigue recordarlo
y su vida entera se redujo a maldición
con los años y los años.
Ezequiel, mejor te vas de noche y sin molestar.

Ezequiel comienza a huir, nadie lo va a extrañar. Huye en dirección al norte, le guía el olor a sal. El Cantábrico se muestra en todo su esplendor. Se desnuda y lentamente avanza en dirección al sol. Y decide descansar bajo el manto gris del mar. Las olas lo mecen y duerme eternamente como un viejo zar.

Dicen que hizo algo y nunca nadie lo olvidó,
pero él no lograba recordarlo
y su vida entera se redujo a maldición.
Y ahora espera el Juicio
por los siglos de los siglos.
Ezequiel, descansa en paz en el fondo del mar.

Historia de un perdedor

Un buen día me vi decidido a partir. Dije: -Padre, ya no voy a volver.- Él se abotonó la camisa y me dio una cruz y un trozo de papel. Yo salí, con sus risas detrás, y se puso a llover. Y corrí, y llegué a la ciudad, y entré en el primer burdel. Allí conocí a una mala mujer con peluca y un ojo de cristal. -Si me quieres tener me tendrás que pagar-, me espetó sin dejar de mascar. Yo dudé: -Sólo tengo esta cruz.- Ella dijo: -Eso bastará.- Y ya no sé si lo soñé o me guiñó el ojo de cristal.

Esta es mi historia, señor.
Yo sé que a usted no le interesa.
Pero esta es mi historia, señor.
Me dejó tirado en la acera
y la gente me llamaba perdedor.

Me sacudí el pantalón. Me quería emborrachar, así que entré en un oscuro local. Con el barman trabé una breve amistad. Lo llamaban el Loco Tomás. Y bebí, bebí güisqui irlandés hasta casi desfallecer. Y yo, que creía saber algo más, pagué con el trozo de papel. Y cuando el Loco Tomás lo leyó cambió de color. Chilló: -Nadie se burla de mí. No un mamón como tú, no en mi propio hogar. Los maricas no gustan aquí.- Eran tres, el Loco y otros dos; yo salí malparado. Me arrancaron el pantalón y después me empalaron.

Esta es mi historia, señor.
Yo sé que a usted no le interesa.
Pero esta es mi historia, señor.
Me dejaron desnudo en la cuneta
y en el pecho me tatuaron -PERDEDOR-.

No se apure, señor; ya he llegado al final. Lo que quiera hacer, se lo haré. Pero sepa que ya no soy ese infeliz de la historia que acaba de oír. Míreme, si me quiere tener me tendrá que pagar. Pero no, no una cruz o un trozo de papel, sino algo real.

Porque esta es mi historia, señor.
Yo sé que a usted no le interesa.
Pero esta es mi historia, señor.
Esa gente me desprecia ahí afuera,
y murmuran: _Por ahí va el perdedor._

La, la, la, la...
No me escupa a la cara, señor.

La canción de la duermevela

Para Ramón Lluis Bande

Paso les hores muertes
mirando´l fumo.
La lluna, ella, sorríe
y yo me consumo.
Y ye la canción de la duermevela,
y ye la canción que na mio alma suena.

Cuando diba dormir
llegó la Muerte.
Acarició mio cuerpo
y leyó mio mente.
Y ye la canción de la duermevela,
y ye la canción que na mio alma suena.

Ella faló despacio,
díxome -fíu-.
Yo-y respondí -mios padres
son el olvidu
y la canción de la duermevela,
y la canción que na mio alma suena-.

Sabe dulce esta nueche
que nun termina.
Sabe dulce ente´l fumo
de la heroína.
Y ye la canción de la duermevela,
y ye la canción que na mio alma suena.

Una cosa na vida
ten por segura:
al final sólo hai soledá
y amargura.
Y ye la canción de la duermevela,
y ye la canción que na mio alma suena.

Y anque agora otra vuelta
se fae de día,
na mio mente pervive
la melodía
de la canción de la duermevela,
de la canción que na mio alma suena.

© Limbo Starr